domingo, 8 de octubre de 2017

Caridad, poniendo a Dios, es medicamento único

En Sueño Profético hablaban de temas diferentes unos de otros, pero todos eran de Enseñanza. La Caridad como título de libro se nombraba. Decían, que la Caridad practicada con Amor a Dios, a Dios llegaba y al pecado ahuyentaba. Si no era hecha por Amor a Dios podía llegar pecado, bien por cobrar o por juzgar la Caridad que habías dado.

Otro tema era la enfermedad del espíritu por sufrimiento, y ya, el espíritu no tenía poder para el cuerpo y era cuando daban diagnósticos con cuerpo sano pero enfermo. Esto, ayudando al sufrimiento, sirve de medicamento y puede quedar sano el espíritu y a Dios llamarlo, y ya, Dios queda de consejero tuyo. Para que todo lo hagas bien hecho y no te enferme el espíritu el sufrimiento, tienes que no dejar el Camino de Dios y no coger consejo del que no cree o del que cree y no ama, aunque lo veas con las rodillas en el suelo y en el Cielo la mirada. Esto, si no practican los Mandamientos, su consejo es poner enfermo el espíritu, pero no por sufrimiento, es enfermo por coger consejo de espíritus que persiguen el puro Evangelio. Luego está el pecado que su espíritu lleva y trae palabras y acción del Infierno. Este espíritu tienes que apartarte de él porque su fuerza tiene fuerza cuando ve que para Dios tienes desprecio.

Desperté, oí:

Coge el libro en tu memoria
con el título
que ya le han puesto en la Gloria.

“Caridad al caído,
caridad al enfermo de espíritu
por los sufrimientos que tiene
o que ha tenido”.

Para que tenga a Dios presente,
primero en pedirle
para que no enferme,
y después seguirlo
para que le mande a ir curando
esta enfermedad de espíritu
que pocos, pocos, creen,
por no coger el libro
en su memoria con este título:

“Caridad, poniendo a Dios,
es medicamento único”.

Por falta de Caridad
aumenta esta enfermedad
contagiosa en todo el mundo.

Ponen avance
de sabiduría al cuerpo,
y abandono al espíritu.

Carruaje que mucho adornas
y no te ocupas de las ruedas mirarle.

Que si las ruedas hablaran,
no sabrías qué contestarles.


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Libro 32 - La Palabra del Creador - Tomo III - C4