En Sueño Profético decían:
¡Qué verdad con tanta fuerza,
que al que ama no le cuesta trabajo
hacer caridad por Dios!
No le cuesta trabajo,
y siempre que tiene ocasión
viste al desnudo con ropa;
se acerca al que pecó;
y el contagio del enfermo,
esto nunca lo pensó.
Todo esto hace fácil
el que ama mucho a Dios.
Aquí hay hablando varios.
Ahora habla Juan de Dios:
¡Tengo tanto y tan poco hecho
de servicios por Amor a Dios...!
Creo que pude hacer más,
antes de yo ser mayor.
Todos me veían niño
cuando exponía la razón
del que está en un hospital
sin consuelo y sin cariño.
Entonces era el contagio
el terror del que no ama.
Ya estaba yo grandullón,
y había un leproso en una cama,
que tenía como unos bancos
para que no se acercaran.
Tuve unas ganas de acercarme,
sin poderlas contener.
Le puse la mano en el hombro,
y sin pensar me ofrecí entero a él.
Ya no me quedan palabras
para decir lo que oí de él:
¡Dios le pague este dinero
que nadie puede traer!
No acerque mucho la mano
si le pido de beber.
Ya, con que me dé su presencia,
a Dios fijo Lo veré.
El que tenga este mal,
malo no es el mal que se ve.
Aunque falten los pedazos,
es el mal mayor,
no poderse acercar nadie,
como no sea un Juan de Dios,
que vivía en el enfermo,
porque allí vivía Dios.
Desperté, oí:
No estaba Juan muy contento,
porque unos años perdió.
Decía, que desde niño,
sentía la Paz de Dios.
Fue conocido su nombre
y se cundió en el enfermo.
Llevaba medicamentos,
que a los médicos entregaba.
Preguntaba el alimento
que a sus cuerpos bien sentara.
Iba con el que a pasitos,
sus piernas pasos no daban.
Siempre llevaba talegos
con ropa que él juntaba.
No era niño, no era hombre,
pero a Dios siempre buscaba.
Era uno grandullón
que a Dios por dentro llevaba.
Si quieres ser Juan de Dios,
haz lo que aquí ya te habla.
Pero sin amar a Dios,
no te acercas a las camas.
JUAN DE DIOS
***
En Sueño Profético hablaban de la Humildad. Decían:
La Humildad es la predilección de la Virgen. Todos los que han tenido aparición de su Carne han sido sumamente humildes.
Yo, uno de sus Discípulos, y en el nombre de todos diré, que sabían más que era la Madre de Dios Hombre, por el Hijo, que por decir Ella: “Yo soy su Madre”.
Su Humildad le hacía guardar silencio; reverso del Hijo; el Hijo era reunir a muchos y enseñarles lo que el Padre en Él hablaba. Misión opuesta: Ella, orar al Padre y sufrir en silencio el cundir y revolucionar la Doctrina del Poderoso en Cielos y Tierra, Mando sin tener quien le conteste, por no haber otra Sabiduría.
La Madre fue cogida para hacer un Servicio a Dios. Dios fue mandado al hombre, haciendo Dios el Servicio al hombre, para enseñarlo y librarlo de la condenación.
Dios no podía guardar silencio; Dios tenía que cundir aprisa era el Mesías; Dios que se hace Carne para enseñar al espíritu.
Nuestro gozo era pedir el silencio del gentío que nos aguardaba, y oír el vocerío pronunciando: “Maestro, ¿mañana aquí?”.
Su Voz inconfundible la cogía el aire y penetraba en todos los oídos:
“Mañana estaré aquí, pero no mi Voz”.
Desperté, oí:
Siempre recordaba, que aunque era Hombre, era Dios.
Mañana estaría como hoy, en todas partes.
Si con Fe iban al sitio, ¿por qué no verlo?
El que ama siempre lo lleva dentro para guiarle sus pasos.
Dios Hijo y Hombre no podía guardar silencio. Tenía el nombre de “Maestro”.
Nombre de Maestro y Enseñanza del Padre Eterno.
La prudencia al Mensaje de Dios, está en su contra.
Dios cuando habla es gran pecado el ponerle silencio.
Si pones silencio sin saber lo que es Dios, quedarás perdonado.
Vale más que ames, oigas y no mandes que callen.
***
En Sueño Profético hablaban de la Fuerza de Dios en el espíritu que vive aún con materia.
Dijo una mujer:
Si tú le entregas a Dios tu espíritu para que Dios mande en él, tú dominas a la carne; tú tendrás fuerza para dominar tu lengua, tus pies y tu vista.
Dominando a estos tres personajes,
ya dominas tu materia,
y ya tendrás contacto con Dios,
porque Dios deja que tú lo tengas.
Las fuerzas vienen detrás,
después de que vengan penas,
que como sientas a Dios,
Él ya te da la receta,
y verás la curación
de aquel mal que te atormenta.
Esto, su palabra es:
a enfado darle paciencia;
y a contrariedad,
que tú el arreglo no le veas,
llamar a Dios confiando,
y ya verás su respuesta.
Un poco voy a contar de mi vida, cuando viví con materia:
Tuve cuatro hijos, los cuatro con la misma enfermedad, que se les presentaba al crecer. El mayor tenía trece años, y el pequeño tenía cuatro. Mi marido, que era hombre de poca paciencia, por faltarle Amor a Dios, se fue a trabajar con otro amo fuera del pueblo, por no vivir aquel sufrimiento, porque él no estaba preparado, por dominarlo la materia; no podía encontrarse al paso de su camino algún pedazo de juguete que los chicos se hubieran dejado; ya salía de la casa mal encarado. Las vecinas me decían: “Parece que vive solo, no se oye ni a chiquillos ni a madre”. Este era mi contestar: “Es que yo les echo tarea en los capachos”. Ellas sabían que me llevaba a la casa, de un molino, esparto, y hacía cenachos, y lo que me encargaban, rápido se lo hacía, ya que mis hijos me ayudaban, porque de verme, ellos aprendieron, aprendieron a trabajar y a rogar a Dios lo mismo que yo rogaba.
Las cinco voces se unían, pidiéndole a Dios el favor: “Señor, que siga mi padre a mi madre en paciencia, que es Amor”. Yo hacía que ellos se lo pidieran en alta voz.
Desperté, oí:
Esta madre sabe,
que Dios oye sin que tú
le des voces al Cielo.
Esta madre lo que quiere
es unir a sus hijos al ruego,
al ruego que ella hacía,
que era ruego de consuelo.
Sabía que Dios oía,
antes a niños que a mayores.
Sabía que Dios veía
el sufrir de todos malos
y el tesón que ella tenía.
Si los ruegos de los niños
podían servirle al padre,
¡por qué no enseñarlos ella,
cumpliendo el deber de madre?
No cabe duda que fueron
los ruegos de madre e hijos,
cuando un día, al anochecer,
el padre llegó y le dijo:
Ya vengo para quedarme,
y además vengo contento,
porque a Dios se lo he pedido,
que no culpe nunca al mal,
si el mal Dios no lo ha querido.
Dios cuando te manda el mal,
es un mal por ti pedido.
Pero el vivir de la Tierra,
es vivir y no es sufrido.
Si siempre vives con Dios,
es sufrir, pero es olvido.
***
En Sueño Profético decían:
Hay quien peca tanto, que el pecar lo ve normal. Hay quien empieza pecando pecados que otro no ve mal, y si vives en este ambiente, tú también pecas este pecado que el que está pecando te dice no es pecar. Pero si tú tratas al que ama a Dios, tú ves que tú no amas, y al no amar, tú pecas. Todos los que pecaron y pecan es por falta de amar a Dios.
Dijo uno:
Dios perdona porque ama, y Dios se comunica porque ama, y Dios te deja en Libertad porque ama.
Dios sufre tus ofensas porque sabe que tus ofensas te llevan al lugar que no está Él.
Dios lleva al espíritu, cuando vive con materia, a su Gloria, para que este espíritu hable de Aquí a otra materia que aún viva con espíritu.
Dios no quiere que ningún hombre se condene, pero Dios quiere que seas tú el que quieras ir a su Gloria.
Desperté, oí:
Si en la Gloria de Dios entraran sin querer, no sería Gloria, sería una ley más del hombre.
En esta Gloria entra todo el espíritu que su materia ha respetado y ha amado a Dios.
Si tu carne la pones al servicio de Luzbel, ¿cómo tu espíritu va a entrar en esta Gloria?
Si tus manos las llenas de fango, ¿cómo te va a dejar el tendero que toques el lino?
Haz lo que a Dios agrada, y en ti a Dios verán.
Si das Libertad a la materia, a Dios le quitará tu espíritu.
El Amor de Dios te deja en Libertad, y la fuerza del pecado te lleva al abismo.
***
En Sueño Profético contaban un hecho ocurrido al medio siglo de la Crucifixión de Dios Hombre.
Decía uno:
Yo tenía unos diez años, y mi padre siempre me llevaba con él. Yo puedo decir que era el “trae y lleva” de mi padre. Mi padre compraba y vendía ganado. Siempre, cuando el calor apretaba, hacíamos los viajes de noche, y por largo que fuera el camino, siempre se hacía corto. Mi padre me contaba todo lo que su madre –ésta, mi abuela– le contaba, pues vivió con Dios cuando vivió de Hombre. Me contaba mi padre, que su madre vio prodigios hechos por el Maestro; que un día iba su madre a por leña, y que tres hijos que tenía pequeños los dejó en la choza, pues él ya estaba colocado con el dueño que había tenido su padre. Éste murió dejando a los cuatro chicos. De los tres que dejó, la mayor tenía nueve. Yendo mi abuela cogiendo leña, dice que oyó un vocerío, y de pronto quedó parada cuando vio a un Hombre con gran Luz sobre su cara; de golpe se echó de rodillas y sus lágrimas derramaba, y éstas fueron sus palabras:
–¡Cómo pensaría yo conocerte esta mañana! Ya no me importa morir, porque sé que Tú me mandas para mis hijos comer –esto lo decía en voz alta, pero a Él, su voz, no podía llegar.
Fue el Maestro apartando gente, y cuando a ella llegó, le dijo:
–¡Ve!, que ya tienes en tu choza lo que tus hijos necesitan hasta que terminen de crecer. Mi Padre Me manda aquí, y ya ha hablado con el dueño de la hacienda para que a diario les dé a la viuda y a los hijos lo que de sobra tiene él.
Desperté, oí:
Dios Padre hizo que el dueño le mandara la comida para que fueran creciendo.
El dueño, a Dios amaba, y Dios, que esto sabía, le recordaba los tres, y cuatro con el que él tenía.
Cuando ella fue a su choza, tuvo que entrar apartando los talegos y las bolsas de comida que había mandado el dueño de la hacienda cuando ella de rodillas veía la Luz aquella.
Dios Hijo le habló a ella, y antes hizo que Luz viera.
***
En Sueño Profético decían:
¡Qué poco valor tiene lo material, y cuánto valor le da el hombre!
¡Qué corta es la vida material, y qué larga la da el hombre!
¡Qué sencillo es lo espiritual, y qué difícil lo pone el hombre!
No hay cosa más natural,
que te cuente de esta Gloria
el que traen para enseñar.
No le ves un aspaviento,
no le notas al contar
una cosa tan grandiosa,
que la pudieran pillar,
y ya sería diabólica.
Aquí tiene el hombre la prueba
de que estos Arrobos y Dictados
no pueden ser de cualquiera.
Que piense el literato
en esta Literatura.
Que piense el gran teólogo
en esta Teología.
Que piense el pecador
que pecó y ya no peca.
Que piense, el que pecando,
al oír al Profeta, deja.
Y ya, que piense el santo,
que santidad está viviendo,
y verá que estos Mensajes
bajan de Aquí, de este Cielo.
¿Cómo el hombre no ve
lo que dictan Aquí en el Cielo,
si tiene Sello de Dios,
para el malo y para el bueno?
Que el bueno, sufre después,
por el que nombró primero;
que el bueno da preferencia
para acarrear al Cielo.
Desperté, oí:
No tienes que buscar intérprete
que te pueda asegurar
que esto no es escrito del hombre,
que tú mismo lo verás.
Lo verás, cuando tú quieras saber
si Dios habla de verdad.
Lo verás, cuando tú pienses:
¡Culpa no tiene el Lugar!
Es más culpable el hombre
que después de él no amar,
quiere ponerle condena
al que amó antes de hablar.
Dios no elige, Dios no busca,
Dios no prefiere Lugar.
Dios, lo que siempre predica,
es siempre Palabra igual.
Ama a Dios antes que a nadie,
y al Prójimo, como a ti mismo.
Como el Prójimo es Dios,
por no faltar Dios allí,
es siempre estar Dios en ti,
tú en Dios.
Ama y Dios no te elige,
Dios lo que busca es Amor.
Amor que libre te deja,
Amor que antes Él te dio.
Elegido es Amor,
Amor que nunca faltó,
porque Dios coge el Lugar
que su Palabra aceptó.
***
En Sueño Profético hablaban del engaño. Decían:
El hombre, con facilidad engaña al hombre, que esa misma facilidad se le cambia en imposible engañar a Dios. Hombre listo en la Tierra: hombre necio en el Cielo. Si el hombre pensara en Él; si el hombre pensara en que nadie puede firmar por Él, le entraba dolor de cabeza por el pensar que no piensa. Si el hombre pensara que Dios es el Sol, el agua y el oxígeno, tenía delante siempre a Dios; Dios: Sol que da Luz a tu inteligencia; Dios: agua que mantiene tu materia; Y Dios: vida que el hombre le dice oxígeno. Si el hombre pensara en que todo esto es Dios, Poder suyo que le hace servicio al hombre, ¿cómo el hombre estaría queriendo engañar a Dios? Aquí se ve la creencia que el hombre tiene de Dios. Por eso, cuando Dios habla, el hombre siempre le aplica condena.
Dijo uno:
Si el hombre creyera que tiene que entregarle cuentas a Dios, ¿cómo insulta el Lugar que Dios habla en él?, no insultaba, buscaba y reverenciaba, por ser Palabra de Dios. El hombre no piensa en la muerte de la carne, que es pecado; tanto la adora y la quiere, que a Dios tiene retirado. Si el hombre pensara en Dios, no intentaba el engañarlo.
Desperté, oí:
Un niño, cuando anda solo,
puede engañar a la madre.
Un hombre con los 90,
menos que éste, para Dios, sabe.
Si el hombre supiera algo,
sabía que Dios todo sabe.
Sabía que lo secreto,
para Dios está en el aire.
Y lo del aire, del hombre,
Dios quiere que no vea nadie.
El hombre tiene delante
lo que el mismo hombre no sabe.
Siempre es más atrevido
el que a Dios no quiere amarle.
Dios sabe lo que tú sabes,
porque Dios, a este Saber,
te deja que lo maltrates.
Si el hombre supiera fijo
que nadie firma por Él,
buscaba dónde Dios habla
para pedirle el papel.
***