Mostrando entradas con la etiqueta van. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta van. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de septiembre de 2021

Acción sin letras, van enseñando

En Sueño Profético decían:

Enseña más la acción que las palabras y el libro. De la acción se hace el libro y ya enseña la acción con un enseñar distinto. Esto en la Enseñanza de Dios.

Dijo uno:

Acción sin letras, van enseñando. Letras sin acción, van estropeando. Esto lo decía Jesús, el Salvador de los hombres:

 El que no cumpla mis Palabras, que no las lea para enseñar. Que el libro sin la acción hace más daño que sanar”.

Él nunca les decía míos a los que no cumplían sus Palabras, aunque las repitieran como Él las había dicho. Por eso, lo mismo veías a un letrado a su derecha que al que un momento antes dejó el arado o las vacas en el establo. Era acción lo que Él pedía y después libros y letras. Pues aún no ha cambiado este Dios en Cielo y Tierra.

Desperté, oí:

¡Qué confianza te daba este Hombre, que era Dios, aunque vieras un hombre!

Pedía, pide y pedirá lo que pueden dar todos los hombres.

No prefería a su derecha letrado ni hombre del campo.

Prefería al que veía que con la acción iba enseñando.

Al que le hacían preguntas: “¿tú tienes con el Maestro traro?”.

Ya, después de esta pregunta, el libro iba enseñando.

Pero si faltaba la acción, mal de Dios ya iban hablando.

A ninguno confundieron de los que iban a su lado.

Porque la acción iba haciendo lo que Él iba mandando.

***

Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - C3

martes, 1 de diciembre de 2020

Las palabras bien dichas van iluminadas por Dios

En Sueño Profético decían:

El que ama a Dios, antes de hablar, mide sus palabras. Las palabras bien dichas van iluminadas por Dios. Hay palabras que quitan peso al sufrimiento, y hay palabras que forman gran sufrimiento.

Yo oí contar una historia un día a uno que la presenció yendo con el Maestro. Decía, que al pasar por una plaza, había una mujer pegándole a una niña y diciéndole palabras con grande soberbia, y echándole grandes maldiciones en las que nombraba a Dios Padre. Fue uno de los Discípulos a decirle que el Maestro iba entre nosotros. Lo paró el Maestro, deteniéndolo con su Mano, y el Maestro fue el que se acercó a ella diciéndole:

   Mi Padre te concedió un hijo, el que tanto le pedías, pero nunca te concederá la maldición que hoy le estás pidiendo, por ser petición de Satanás. Tu hija te la concedió mi Padre, porque Yo quiero que vean mi Poder hacer prodigio en la misma carne. Tú siempre has ido en mi contra, y el Poder de mi Padre en Mí hace que tu hija sea una más de mis Discípulos. Ella vivirá la Justicia que Yo enseñó, y su inocencia de niña hará que el padre sea bueno.     

Desperté, oí:

Estas palabras decían

lo poco que era de Dios.

Y Dios quería que vieran

su Mando y su Poder

en su misma hija actuando.

La niña siempre oyó

la maldición hacia el padre.

De nueve años que tenía,

cinco ya estaban aparte.

Cuando la niña sabía

que iba a pasar el padre,

lo esperaba contenta,

aunque engañara a la madre.

Estas eran sus palabras

enganchada al cuello,

y su trenza

casi al suelo llegaba:

“Dime que mañana ya

te vienes conmigo a casa”.

“Dime que madre y tú,

ya no tendréis más palabras,

de aquellas que yo oía,

que Dios oía y lloraba”.

El padre, cuando se iba,

el pañuelo no faltaba de sus ojos,

y su vista deprisa al Cielo echaba.

¡Perdón, no sólo por mí,

perdón por todo el que haga

lo que yo hice una vez

que no puede entrar en casa!

El padre sabía la hora

que la hija lo esperaba,

y corría del trabajo

esperando que la madre

un día lo perdonara.

La maldición de la madre

era decirle a la hija:

“¡Permítalo Dios del Cielo,

el que siempre conocí,

que te caiga un marido,

que tu padre sea un santo,

con todo lo que yo he sufrío!”.

“Y que si mañana vas

otra vez allá a esperarlo,

queden tus ojos sin ver,

y conozcas apalpando”.

El que oía estas palabras,

se santiguaba a su paso.

Y el que oía a la niña,

seguro que se hacía santo.

***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C7

martes, 5 de junio de 2018

El hombre debería estar siempre buscando los Mandos que van del Cielo

En Sueño Profético hablaban del hombre intelectual. Decían que dentro de los intelectuales había quien su intelectualidad le servía para a él engañarle.

Primer engaño: apartarlo de las Palabras que Dios dejó cuando vivió con Cuerpo, y que hoy, las mismas, sigue diciendo. Si su sabiduría no llega a ver que estos Escritos son Aquí dictados, ya lo están engañando.

Dijo uno que ya sigue el Mando de Dios:

Estos hombres, que son oídos por muchos hombres y respetados por su sabiduría, están siempre perseguidos por espíritus que no son de Dios, para que su sabiduría no acerque a otros hombres a esta Gloria.

El culto que su cultura es provechosa para el cuerpo, si emplea la cultura para el espíritu, es oído y respetado y puede hacer un gran servicio a Dios.

Desperté, oí:

No crea el hombre rudo que ama a Dios,
que a él Dios no le manda.

Le manda y le da caminos
para cundir la Enseñanza.

Que estos caminos están tristes
por falta de esta Enseñanza.

El hombre debería estar siempre
buscando los Mandos que van del Cielo.

Y sería provecho para el hombre
que no cree que Dios esté Vivo,
que está muerto,
y que el mundo es mundo
gracias a sus inventos.

Si a la cultura le falta
el primer Mandamiento,
no se acabarán las guerras,
el crimen y el adulterio.

Hay que enseñar de esta Vida,
para cuando muera el cuerpo.

Que tú espíritu ya va al sitio que pidió
según la vida que hizo tu cuerpo.


***

Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C1

lunes, 20 de enero de 2014

Las letras van creciendo según la fuerza que llevan

En Sueño Profético decían:

Ella está preparada para enseñar.

Ella no puede admitir consejo de lo que Aquí le enseñan y le mandan escriba.

El que contra a estos Dictados le ponga, poco Amor a Dios Le tiene y mal está en Teología.

Dijo uno:

Dios no se ciñe a lo que el hombre quiera enseñar a Dios, porque ya no son suyos.

A los suyos enseña. A los que van a su contra, retira.

A los suyos los hace Sabios para que los busque el mundo.

A los sabios de la Tierra se olvida de ellos el mundo, porque a Dios Le ponen guerra.

El armamento del demonio para que siga el pecado es la ira y la soberbia, porque nunca a Dios han amado.

Ésta es grande Teología, sus Escritos van demostrando. Son sus Temas razón que espera preguntas y contesta grandes respuestas que en Gloria mandan que escriba.

Desperté, oí:

Que el hombre vea los Temas
y no se pare en los puntos.

Que primero ame a Dios,
y ya todo sale justo.

Que piense que Dios jamás
aprenderá de los hombres.

Que queme su vanidad
antes de que a Dios se enfrente.

¡Hombres sabios del pecado,
que ponen el Nombre de Dios
como puesto en el mercado!

El Teólogo que no entienda
lo que Aquí se está dictando,
que empiece otra carrera.

Estos Arrobos se ve
que la Tierra a ellos no llegan.

Pues si esto es inmovible,
no te fijes en las letras.

Que las letras van creciendo
según la fuerza que llevan.


***


Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - Pag. 50-51-52