jueves, 31 de octubre de 2019

La Universidad de la Gloria

En Sueño Profético decían:

Estudia el hombre lo que Aquí no llega, y no estudia lo que de Aquí llevan. Que este estudiar siempre le daría renta. Renta con tranquilidad.

Piensa tan sólo estas palabras que de una boca salieran:

“Yo soy alumno de la Universidad de la Gloria. Allí presentas el folio del Amor, de la Fe y de la Obediencia. Ya, lo demás, es fácil que lo comprendas. Lo que sí te notarás es intranquilidad por dentro, de algo que está pidiendo que busques muchos alumnos, sin exigir edad ni sexo”.

Dijo uno:

Esta Universidad es grande en Sabiduría.

Si el hombre, este saber lo viviera y lo enseñara, ni de pensamiento habría duda que las guerras se acabarían. Las guerras, y todo lo que no es por Él mandado ni jamás tendrá reforma.

Si esto lo estudiara el hombre, el Mando que da esta Gloria, andaría como el tren, sin salirse del carril, porque al salirse se estrella.

Desperté, oí:
No hay duda de que los Mensajes son del Cielo si piensas: “Dios no pide, es que ofrece, para cuando entierren tu cuerpo”.

No te exige que estudies ni mucho ni poco.

Lo que sí quiere que aprendas es que ese mundo acaba en otro.

Y que si estás una vida dedicado a lo que acaba en un momento, dedica unos minutos a lo que siempre fue, será y es Eterno.

Hazte aprisa la matrícula del espíritu, y después haz la del cuerpo.


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Libro 22 - Investigaciones a la Verdad - Tomo III - C2

miércoles, 30 de octubre de 2019

La madre del pedigüeño

En Sueño Profético decían:

Enseña más el Amor de Dios, el que lo tenga, que los grandes libros hechos por el hombre.

Dijo uno:

El Amor de Dios te da nombre. Yo conocí a una mujer, que tan bien hizo el papel de madre cuando criaba a un niño huérfano, que lo unió a dos varones que ella tenía, y ya decía: “mis tres hijos”.

Este matrimonio practicaba la Enseñanza del Evangelio, sin adornos, pero justa. A este niño lo tenían unos parientes ganando un jornal de pedigüeño. Él entregaba monedas y a cambio recibía palos si no era crecida la cifra. Cantaba un estribillo que éstos mismos le enseñaron:

“No tengo padre ni madre.
Déme algo señorito.
Si una moneda me da,
Dios se lo pague le digo”.

Este canturreo te hacía mirar al Cielo para pedir a Dios por él. Un buen día le dijo este matrimonio:

   –¿Quieres venirte con nosotros como si fuéramos tus padres?, y nuestros hijos te acogerán como a un hermano más pequeño, ya que el chico es mayor que tú. ¿Cuántos años cuentas?

   –Siete.

Se oyeron unas cuantas alegrías de los que a diario le daban la moneda, y el niño se abrazó a sus piernas. Contaba esta mujer, que temblaba el cuerpo del niño al decir estas palabras que todos oían:

   –¡Dios se lo pague! ¡Ya no me voy! ¡Ya tengo madre!

Pues el niño, a todos tenía de su parte. Y fueron a esta familia no cristiana y le expusieron el arrebatarle los derechos de tener al niño, a los que les ganaron el pleito sin haber juez, ni testigos de parte de éstos que no vivían Amor de Dios.

Desperté, oí:
Esta mujer y marido
había días que lloraban
cuando veían al niño,
siempre descalzo,
y el dinero que ganaba
con su inocencia pidiendo.

Cuando ya vivía con ellos,
parecía otro chiquillo.

Ropas nuevas le pusieron,
y sus pies ya iban calzados,
y el canturreo fue silencio.

Esta mujer cogió nombre:
“la madre del pedigüeño”.

La nombraban en muchas casas
y la ponían de ejemplo.

El niño se hizo hombre,
y a sabiendas de que no era madre,
no había dolor mayor,
que oír el referir:

“No hay madre que se iguale
con la que te ha criado a ti”.

Él presentaba tristeza,
y pedía por favor
que, “sus padres”, le dijeran.

El nombre lo da el Amor,
el Amor que a Dios Le tengas.


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Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C2

lunes, 28 de octubre de 2019

El querer, a Dios llama

En Sueño Profético decían:

Puede más el querer que el poder. El querer busca al poder, y ya Dios hará Presencia, porque el querer, a Dios llama.

El poder sin querer, no busca al querer. Que este querer es llamada de Dios.

Dijo uno:

Yo, cuando viví con cuerpo tenía siempre esta oración anclada en mi pensamiento:

Señor, si a Ti no Te voy a servir, para qué quiero mi cuerpo.

Si mis bienes los escondo, quítamelos y que vayan a otro.

Si mi lengua no sirviera para dar alabanzas al Cielo, de qué me sirve la lengua.

Déjame mudo, y mi mirada Te alabará mirando al Cielo.

Lo que no sea para servirte a Ti, no lo quiero.

Desperté, oí:

Esta oración yo la hacía
sin palabras y en mi trabajo.
Tampoco la hacía seguida.

A cada acción del día,
un pedazo le ponía.

Si estaba con algún amigo,
en palabras me la oía.

El pedazo que se fue cundiendo
es este que hoy se dicta:

“Señor,
si a Ti no Te voy a servir,
para qué quiero mi cuerpo”.

Cierto,
que al querer servir a Dios,
Él siempre te hace Presencia.
 

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Libro 25 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo III - C8

domingo, 27 de octubre de 2019

No hay pecado mayor, que despreciar las Palabras de Dios

En Sueño Profético hablaban de la lucha del hombre por tener lo que no sirve; por comprar lo que nunca, si tuviera, vendería; por guardar, muchas veces, lo que nadie quiere que sepan hasta el día de su muerte; por darle valor a aquello que puede que sea lo culpable de la muerte de su espíritu y también de su carne.

El hombre desea lo caro, que para nada le sirve, y desprecia lo que Dios le ofrece, que no le cuesta nada, que son sus Palabras y su Cuerpo.

Dijo uno:

El hombre tiene que valorar lo del espíritu, primero, y después lo de la Tierra. El hombre no puede negar que aquello más caro es lo que más desea. Si puede, lo compra; y si no puede comprarlo, él se forma una tragedia, para tenerlo colgado, para meterlo en el cofre, o para llevarlo a sitio que su dinero le cueste. Si el hombre no aprende ni practica la Enseñanza que Dios da al espíritu, será un mundo de engaño, de avaricia y de premiar al pecado. Porque pecado es también guardar lo que otro necesita para que viva su carne.

Desperté, oí:

No quiere el hombre poner
el pecado en lo que él hace,
y sí, en lo que hace otro.

Pues no hay pecado mayor,
que despreciar las Palabras
que sabes que son de Dios.

Éste es mi Cuerpo”,
lo dijo el Mismo Dios Hombre.

Donde dos hablen de Mí,
Yo allí estoy”.

“Vestid al desnudo
y dad de comer al hambriento
”,
también lo dijo.

Perdonar como Yo os perdono”.

“No juzgar,
si no queréis ser juzgados”.

“Conoceréis si son míos
por las obras de Caridad
que a su paso dejen
los que digan:
“Somos Cristianos
”.

Esto siempre se repite,
porque Dios no tiene cambio.

El que practique estas Palabras
tiene el capital más grande,
que no necesita cerrojos,
ni sitio que se lo guarden.

Y a más vaya repartiendo,
la ganancia es más grande.

Hazte capitalista
de vivir lo que Dios mande.


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Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C2

jueves, 24 de octubre de 2019

La Huella de Dios

En Sueño Profético decían:

El que Dios elige para enseñar, es normal en todos sus actos. Lo que no es normal es en aceptar el sufrimiento y seguir buscando la Huella de Dios, y, en silencio, no tener descanso, pidiendo su protección, sabiendo que Dios siempre oye, aunque tú no pongas voz.

El pecado lo rechaza porque va en contra de Dios, y antes de que llegue el pecado, ya está diciendo “no”, y el camino va cerrando.

El pecado, antes de que llegue, va camino preparando. Si no te acercas a Dios, puedes salir engañado.

Dijo uno:

Esta forma se vivir no fue Mando que Dios puso y ya tú vives así. Esto fue con Libertad y sintiendo el sentir que siente el espíritu y materia.

El hombre quita valor al vivir del Elegido, creyendo que el caminar es terreno firme y liso.

El que esto crea así, está en párvulos, aunque sea hombre listo.

Desperté, oí:

La vida que hizo el Elegido
fue ofrecimiento a Dios
para servirle al Prójimo.

Pero un ofrecimiento
sin pensar ser aceptado,
por no creer merecerlo.

Fue ofrecerse
a un deber de cristiano,
a Dios del Cielo.

Pero sin nunca pensar:
“lo que hago, no debo hacerlo”.

Este Instrumento sentía,
y siente, normal,
en el espíritu y cuerpo,
reacciones de alegría
o reacciones de sufrimiento.

Pero con una presencia
de algo que tú no ves,
pero que a ti sí te está viendo.

Sentir algo poderoso
que da contacto en el Cielo.

Luego, es sentir con Visión,
con Mando,
y su nombre es Instrumento.

Ya no manda
en acción, en Visión,
ni en poner aquí silencio.


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Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C2

miércoles, 23 de octubre de 2019

Prueba a llenarte de Fe

En Sueño Profético decían:

Pon la Confianza en Dios, y que lo diga tu vida en la forma de actuar, en montañas o llanuras.

La Confianza en Dios te da Paz y te da guía. En unos sitios te acerca, y en otros te retira.

Sin Confianza en Dios eres ave sin campo metida en la ciudad, con grandes edificios delante y queriendo de allí escapar. 

La Confianza en Dios hay quien la desprecia, y ya vive la enfermedad de la pena y la tristeza.

Dijo uno:

Siempre oí en mi familia –la que el mismo techo nos tapaba– estas palabras:

Busca una fuente de Fe
y llénate de Confianza.
Que esta fuente tiene que ser
persona que mucho ama
y mucho le creció la Fe
y vive la Confianza.

Desperté, oí:
Prueba a llenarte de Fe,
y verás tu vida cambiada.

Los pies pon en sitio firme,
y en el Cielo la mirada.

Esta mirada,
ya pide a Dios la Confianza.

Si tú respondes a Dios
con todo lo que Él te manda,
ya la vida es para ti
de Paz y de Confianza.

Y verás que muchos viven
con la vida alborotada,
trayéndose a su presencia
lo que a lo mejor no pasa.

La Fe y la Confianza son valores
que el tasador es el mismo
que el que la vida te manda.


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Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C5

martes, 22 de octubre de 2019

Este Dios que hace Gloria

En Sueño Profético decían:

Ni Teólogos ni grandes escritores, que el hombre en gran altura los tiene, pueden describir la Gloria como el que Dios trae su espíritu.

¡Esta Gloria de Dios, y este Dios en esta Gloria! Si el espíritu no lo ha sentido, este sentir no puede explicar, porque puede confundir con buena idea o con mala.

Explicar un Sitio donde no hay materia y hay de todo, esto no hay quien lo explique. Las cosas que son sentidas, no puede nadie sustituirlas diciendo: “yo he sentido”, y contar los efectos oyéndote el que sí los ha sentido, como aquí pueden comprobar.

Tan sólo con este Escrito, debería el hombre sentirse inquieto y con miedo, por no acudir a esta Llamada que no han conocido generaciones anteriores a ésta.

Ya se ha dicho en varios Dictados, que el sentir del espíritu no puede explicarlo nadie como el que Dios le hace que viva unos momentos el espíritu sin cuerpo. Que unos momentos pueden ser horas o segundos. Pero para una eternidad es igual segundos, horas o siglos. Todo esto son momentos.

Desperté, oí:
Tan sólo por oír
cómo vive un espíritu sin cuerpo,
debería el hombre acudir.

Esto, el que en Dios no creyera.

El que dice que cree,
¿cómo puede vivir
sin esta Grandeza Divina?

¡Esta Gloria de este Dios,
y este Dios que hace Gloria!
Nadie puede explicarlo
como el espíritu que Dios
en esta Gloria entra.

Esto es Poder de Dios
y una Vida que le da vida,
todavía, a la materia.

Querer que otro explique esto,
es querer que la pluma
hable del ave
cuando el ave ya está muerta.

“Hable” es cante o chirriar.
¡Llámale como tú quieras llamarle!


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Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - C3