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viernes, 11 de abril de 2025

Que llegue el escándalo que Dios quiere

En Sueño Profético decían:

¿Cómo puede dudar el hombre de la Existencia de Dios? ¿Cómo no ven su Poder en la palabra “milagro”? Que en una piel de cordero brote agua, nadie puede hacerlo.

Dijo uno:

El cuadro de la Última Cena, donde Dios estuvo con los Apóstoles, tiene un gran cambio de colores, sin que nadie lo toque. Luego, los ingresos que el Elegido recibe, son de gente humilde, y ve que ellos se portan como cuando Dios vivió de Hombre. Éstos reciben el ciento por uno. Esto no tiene cambio, y a los que están cerca del Elegido les esta pasando.

Todo el tiempo del Elegido es para hacer el bien en el Prójimo, que es donde Dios pones las grandes notas.

Los que están cerca del Elegido pueden achicarle el sufrimiento que lleva escondido sin poder decirlo.

Desperté, oí:

Aquí ha llegado el tiempo de pensar que el cuerpo tiene que morir, pero el espíritu no tiene tiempo para morir, por ser eterno.

El Elegido alarga el sueño y a Dios pone contento.

Ministro de Dios y Elegido son dos cargos Divinos con poder y mando.

Decían en la Gloria, que cómo podía dudar el hombre de la Existencia de Dios y de su Poder.

Los reconocimientos y firmas hacia este Caso nacen y crecen, porque el abono es Dios, y así Él lo quiere.

Hasta que llegue el escándalo que Dios quiere.

***

Libro 45 - Te Habla El Profeta - Tomo VI - C4

sábado, 14 de agosto de 2021

Amando a Dios, lo que te llegue es lo mejor

En Sueño Profético hablaban de querer a Dios, de pedirle y de aceptar su contestación. Pues aceptando lo que te llegue, será lo mejor, aunque tú, mejor, no lo veas.

Dijo uno que siguió a los Discípulos de Dios Hombre:

“Yo aprendí tanto de los Discípulos, que ya no podía tener amistad con el que vivía sin nombrarlos”.

“Ellos decían, que para seguir los Pasos y Palabras de Dios Hijo –Maestro para ellos–, tenías que Amarlo tanto, que tenías que aceptar contento el que te negara el pedir que tú esperabas, diciendo: “El Maestro me lo ha dado”.

Se vio el campo y una casa más bien vieja, y cabras y corderas como protestando con voz de animal, pero buscando al que las guardaba. Llegó una mujer con dos niños de la mano: uno de ocho años y otro no llegaba a los diez. Éste iba cogido al brazo de la madre. Y al chico, la madre lo llevaba de la mano. Se acercaron a uno de los Discípulos y dijo la madre:

—Yo quisiera ver al Maestro para preguntarle si hago mal con no dejar que mis hijos vean a su padre, que de esto no soy yo la culpable, son mis padres, que nos mantienen y niegan a mis hijos que busquen a su padre.

Se oyó un tropel de gente hablando con alegría y se vio entre ellos al Maestro. Al llegar donde estábamos, se pararon, y uno de los Discípulos, con Mando del Maestro, hizo camino entre la gente, cogió a los dos niños y con voz alta dijo:

—El Maestro os ha venido a buscar. Venid conmigo y ya Él os dará Mando.

Puso la madre a los niños delante de ella y dijo con estas palabras:

—Yo, Maestro, Te los doy. Y si he hecho mal, perdóname. Mis padres te ofendían por la vida que mi marido me hacía y hoy me sigue haciendo. Como ellos nos mantienen, mis hijos no pueden ver a su padre ni yo seguir tus Pasos. Pues hay noches que me faltan horas y me sobra llanto.

Sólo se oyó la Voz del Maestro, pero sin Verlo, con estas Palabras:

—Mujer, con entregarme a tus hijos y ofender a tus padres por defenderme, ya se ve que crees en Mí y aceptas el sufrimiento. Por este aceptar, ya mi Padre en Mí te manda Premio. Mañana cambiará tu vida con tus hijos y con la carne que a ti está unida y que has tenido rota por culpa de tus padres. De ellos retírate, porque este Mando da mi Padre.

Desperté, oí:

Este arrobo no tiene palabras para el que a Dios no ama.

Dios premia a la madre que entrega sus hijos a Dios por Amor.

Amando a Dios, lo que te llegue es lo mejor, aunque tú no lo veas.

Las corderas balaban buscando y llamando al pastor que las guardaba.

Se vio muy poco al Maestro, pero su Voz se oyó porque puso silencio.

***

Libro 54 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo VII - C3

lunes, 16 de noviembre de 2020

Señor, que tu Mando llegue antes que yo me canse

En Sueño Profético decían:

¡Qué alegría y qué contento vive el espíritu cuando a Dios le está sirviendo!

A este espíritu de Dios, al pensar “no me han mandado”, ya tristeza le llegó. Que esta tristeza la ponen los espíritus que no son de Dios, para que le llegue el pensar: “Yo ya no le sirvo a Dios”.

Dijo uno:

Este pensamiento, apártalo con valentía de ti. Y cámbiatelo por este: “Señor, que tu Mando llegue antes que yo me canse, y si estuviera cansado, que tu Mando sea más grande”.

No se puede comparar ningún trabajo que hagas con hacer este mandar.

Extraña tanto en el Cielo –a los que ahí tuvimos cuerpo– que el que pueda hacer este Mando, lo tenga tanto en silencio y no lo ponga en las torres, al final de la torre y al empiezo, para que esté al alcance de todos y lo lean, o pregunten qué es aquello.

Desperté, oí:

Este letrero llevaría

de la Tierra

mucha gente a este Cielo.

Ahí llevaría, Aquí traería,

es la palabra que encaja.

Esto, por la noche iluminado,

y con ruido de día,

con estas palabras:

“Aquí se recibe a diario

Mando que Dios nos envía,

para que sea publicado

por el Pastor al rebaño”.

“Pídele a Dios

que su Mando no te canse,

y si te notas cansado,

que su Mando llegue más grande”.

***

Libro 21 - Te Habla El Profeta - Tomo III - C4

jueves, 10 de octubre de 2019

El día que llegue la muerte todo aquí se queda

En Sueño Profético decían:

La muerte piensa en el hombre,
y el hombre no piensa en ella.

La muerte cumple este Mando,
cuando no es muerte violenta.

Cuando es violenta,
no es Mando de Dios,
es Permitir que Dios deja.

Dios deja la Libertad
a la muerte y a las riquezas,
que el que tiene esta abundancia,
fijo que en  muerte no piensa.

Si la pensara,
cambiaría diciendo:
“El día que llegue la muerte
todo aquí se queda.
Otros harán su reparto,
y ya conmigo no cuentan.

Mi nombre será nombrado
en edificios, joyas y fiestas,
con alegría a lo que dejo,
y olvido a mi persona.

¡Dios mío, yo voy
a cambiar por fuerza!

Este examen que me he hecho
ha sido para la Tierra.
El examen del espíritu,
si lo pienso,
antes la muerte me llega”.

Desperté, oí:

He tenido riquezas materiales,
y abandono a las riquezas del espíritu,
que éstas, dinero no cuestan.

Que las riquezas del espíritu,
nadie se queda con ellas.

De éstas, eres dueño tú,
y a Dios te presentas con ellas.

Cuando pude utilizar mi cuerpo,
di buena cosecha.

No me puedo avergonzar de hacer
lo que Dios no quisiera.
Me vieron la Caridad
y no me vieron soberbia.

Me vieron aceptación
al sufrir que me viniera.

Al pecado le podía
porque miraba al Cielo
y a Dios ayuda pedía,
y Dios mandaba Palabras
que ya fuerte me hacían.

El que tiene este pensar,
vive con Dios las dos Vidas.

Y la muerte ya la piensa
como la noche y el día.

¡Qué cierto que lo que tengas,
que la materia te da,
en la materia te dejas!


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Libro 22 - Investigaciones a la Verdad - Tomo III - C2

lunes, 6 de noviembre de 2017

Coge el sufrir que te llegue, sabiendo que Dios te quiere

En Sueño Profético decían:

Dios elige cuando antes tú te ofreces,
cuando vas secando lágrimas
al que ves que un sufrir tiene,
cuando visitas las camas
que las ocupa el enfermo
y necesita palabras
que siguen al Evangelio.

Dios, cuando elige,
antes de ser Elegido
pasaste largos caminos,
difíciles de pasarlos
si Dios no hubiera ido contigo,
pero esto, sin saberlo el Elegido.

Dijo uno:

Esto son pruebas
sin tú saberlo,
que tienes que superarlas
y a Dios más quererlo,
y tener siempre su Presencia
con este pensamiento:

“Yo sé que él sufre más que yo,
y me tiene guardado premio.
Que los premios de Dios
son milagros,
bien para el espíritu
o para el cuerpo”.

El Elegido tiene siempre que dejar grandes recuerdos, que en estos recuerdos ven a Dios.

Desperté, oí:

Al que Dios le da Palabras para el hombre,
ha pasado pruebas duras,
pero no ha dejado el Camino de Dios.

Ha tenido momentos de tentación,
pero estos momentos
los ha vencido
doblando la entrega al Prójimo,
levantando al caído
y nombrando a Dios,
Poder Infinito.

Si esto pensara el hombre,
habría más Elegidos.

Pero ¿quién guarda sus lágrimas
y va ofreciendo contento
palabras que curan llagas?  

Coge el sufrir que te llegue,
sabiendo que Dios te quiere.

Con este pensar que hagas,
vives la vida con Paz y Esperanza.

De que un día diga Dios:
“Di en mi Nombre estas Palabras”.


***

Libro 31 - Te Habla El Profeta - Tomo IV - C8

viernes, 31 de octubre de 2014

Aceptar todo el sufrimiento que te llegue

En Sueño Profético decían:

Aceptar todo el sufrimiento que te llegue, la respuesta es acercar a Dios.

Dijo uno:

Hay quien lleva el sufrimiento a empujones y a tirones, y no hace falta que diga: “Este sufrimiento tengo”.

Y hay quien lleva uno más grande y sólo lo sabe el Cielo, que es el que puede quitarlo. Éste sí es sufrimiento aceptado.

Esto son Enseñanzas que deberías aprender cuando razón te acompaña. Y así, llegaría sufrimiento, y según éste llegara, tú harías el recibimiento.

Hay quien busca a Dios cuando el hombre le ha fracasado, cuando la carne se enferma, cuando perdieron la hacienda, cuando vivían apurados. Entonces de Dios se acuerdan, y mayoría pidiéndole a Dios cuentas. Que sería mejor que siguieran olvidados como antes del sufrir que les viniera, aunque vivieran la vida del animal.

Desperté, oí:

Es mejor seguir a Dios
cuando sufrir no  ha llegado.

Y cuando llegue sufrir,
el Amor ha superado.

Y ya no puedes decir:
“Esto, ¿por qué me ha pasado?”.

¡Esto, sí es Amor a Dios!

Y saber que el cuerpo,
mientras viva,
sufrir tiene que tener.

Si no sufres por tu cuerpo,
sufres por otro que quieras,
que Dios permitió
que del tuyo saliera.

O de la carne que Dios
une a tu mismo cuerpo.

Y si ya vas al Prójimo
y tu ayuda quieres darle,
cuenta con un sufrimiento,
¡pero sufrimiento grande!

¡Ves como mundo y carne
son los que hacen sufrir
para que de Dios te apartes!


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Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II - C8

lunes, 1 de abril de 2013

Pídele a Dios que siempre sepas aceptar el sufrimiento que llegue

En Sueño Profético decían:

Hay sufrimientos tan grandes, que tienes que hacerlos chicos. Y así vas desatando aquello que hacías mayor con tu sufrir y tu llanto.

Que esto, casi siempre te enfrenta con Dios, pidiendo cuentas y queriendo enmendar los Caminos de Dios.

El sufrimiento recibido, pidiéndole a Dios ayuda, ayuda mandan del Cielo para pasar ese camino, que tiene que seguir a la vida mientras que esté vivo el cuerpo.

Dijo un espíritu de su Gloria:

El medicamento para el grande sufrimiento es llamar a Dios, de palabras o de acción.

Que ¿cómo es esta llamada?: mirando al Cielo y guardando la calma, no dejando que la Paz se vaya. Porque Paz con alboroto, la Paz allí no se queda. La Paz se queda contigo, por mucho sufrir que tengas, si tú dices:

Señor, ¿cómo llevo este sufrir?

Que yo no ofenda ni callando, cuando oiga: “Dios, ¿por qué lo has permitido?”. Que yo aquí dé la respuesta: “¿Tú has visto a una madre buena negar la comida al niño?”. Quien esto lo censurara, ni a Dios quería, ni sabía valorar la palabra hijo.

Desperté, oí:

Si la madre no niega la comida,
¿cómo Dios se va a negar
a no dar respuesta a tu petición?

Lo que pasa
es que tú no lo entenderías,
y lo que al niño no le pasa,
a ti te pasaría.

El niño, con su llanto,
más lo acunas.
Y él, al final,
duerme en tus brazos.

El que ya dejó de ser niño,
cuando llegan contrariedades,
estas palabras le oyes:

“Dios, ¿por qué lo has permitido?”.

Y te retiras de Él,
cogiendo otros caminos.

Y agrandas el sufrimiento.

Pídele a Dios,
en el día y en la noche,
que siempre sepas aceptar
el sufrimiento que llegue.

Que hay sufrimientos que llegan
para ver cómo respondes.

El pensamiento cogido
como niño acunando,
piensa que ya llega el día
que se marcha de tus brazos.


***

Libro 18 - Dios No Quiere, Permite - Tomo III - Pág. 173-174-175