En Sueño Profético decían:
El hombre le llama perder el tiempo a las cosas del espíritu, a las cosas que no ves, sientes y Dios premia, sin pensar que al espíritu tienes que dedicarle el mejor tiempo.
Dijo uno:
El espíritu tiene sus deseos y te empuja a que a él le sirvas. Si el espíritu es de Dios, siempre te tendrá preparado trabajo para acarrear al Cielo. Y si el espíritu no está con Dios, siempre estará, según él, aprovechando su tiempo, un tiempo que no sirvió ni para dar un consejo. Porque para aconsejar, tú tienes que ir, primero, siempre apartando el mal, siempre enseñando del Cielo, siempre partiendo tu pan y dándolo al pordiosero, siempre el mismo caminar, por pertenecer al Cielo.
Dijo otro:
Mi padre decía que debería el hombre estudiar la carrera del buen consejo; que un consejo dado con Amor de Dios y a tiempo, enseñaba a vivir Paz, que era ir podando, y el espíritu daría brotes con el abono de tus palabras, que iban detrás de tus hechos. A esto, el que Aquí no piensa, le llama perder el tiempo.
Desperté, oí:
Todo el tiempo que ahí “pierdes”
por hacer servicio a Dios,
es salario que Aquí mandas,
que te lo administra Dios.
En cambio, el que se cree
que todo el tiempo ganó,
luego Aquí se presenta
sin conocer lo de Dios.
Luego, ya se queda el tiempo
como castillo o muralla,
sin conocer a su dueño.
Sin importarle quién fue
el que hizo los cimientos.
El tiempo que es para Dios,
luego, Aquí entra, en la Gloria,
contando lo que pasó.
Luego se vuelve a la Tierra,
para acarrear al Cielo,
y nunca es tiempo perdido
el tiempo del buen consejo.
Si esta carrera se hiciera,
se daba valor al tiempo.
***
Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo II - Pag. 37-38
jueves, 31 de enero de 2013
miércoles, 30 de enero de 2013
Es la Iglesia la que tendría que tener esto en sus manos
En Sueño Profético decían:
El hombre está tan lejos de Dios, como el niño cuando nace, del andar y el masticar, del accionar y coger, de sujetar y apretar. Por eso, esta Enseñanza tiene que ser presentada por la máxima jerarquía, para dejar al descubierto a los que continúan tapados, arropándose con: ¡Bueno...!, y ¿qué dice la Iglesia...?
A éstos no les agradaría, por razón de tener que abandonar muchas cosas que pertenecen a la Tierra y perjudican al Cielo, y dan tan mala enseñanza, que te llevan al Infierno.
Dijo uno:
¡Qué cierto que es la Iglesia la que tendría que tener esto en sus manos, y gritarlo a cuatro vientos sin poder nadie pararlo, por ser mandato del Cielo, y así el hombre vería que la Iglesia es Dios, y el Cielo manda a la Iglesia, y la Iglesia habla al hombre, y ya el hombre es Iglesia!
Si el hombre no tiene Amor, aunque crea que no es Iglesia porque Iglesia es Dios, sitio donde reverencias sus Palabras y a tu espíritu alimentas con el Cuerpo de Cristo, y recuerdas las Palabras que dijo a sus Discípulos: “Éste es mi Cuerpo. Al que Me quiera, Yo nunca Me negaré”.
Desperté, oí:
¿Qué hubiera hecho Dios Hombre
si los Discípulos callan
y no dicen que era Dios,
y al cabo de otros siglos
cuentan otros hombres
lo que a éstos encomendó?
Dios, cuando le habla al hombre,
si Le guardara silencio,
ya sabría que no era de Él.
Esto sería saber del hombre
y engañar a Dios.
¿Cabe este pensar
en cabeza de hombre
que no sea subnormal,
que esté defendiendo un cargo
y el “don” le den al llamarlo?
El que Dios le dice:
“Ve delante”, lleva el agrado
del Amor que le ha mandado.
Y detrás lleva Poder,
que aparta y grita la fuerza,
y no se puede esconder
lo que ya del Cielo lleva.
¡Qué cosa tan infantil sería
que Dios te hablara a ti,
para que tú te callaras,
y después otro dijera
el mandar que Dios te daba!
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 79-80-81
El hombre está tan lejos de Dios, como el niño cuando nace, del andar y el masticar, del accionar y coger, de sujetar y apretar. Por eso, esta Enseñanza tiene que ser presentada por la máxima jerarquía, para dejar al descubierto a los que continúan tapados, arropándose con: ¡Bueno...!, y ¿qué dice la Iglesia...?
A éstos no les agradaría, por razón de tener que abandonar muchas cosas que pertenecen a la Tierra y perjudican al Cielo, y dan tan mala enseñanza, que te llevan al Infierno.
Dijo uno:
¡Qué cierto que es la Iglesia la que tendría que tener esto en sus manos, y gritarlo a cuatro vientos sin poder nadie pararlo, por ser mandato del Cielo, y así el hombre vería que la Iglesia es Dios, y el Cielo manda a la Iglesia, y la Iglesia habla al hombre, y ya el hombre es Iglesia!
Si el hombre no tiene Amor, aunque crea que no es Iglesia porque Iglesia es Dios, sitio donde reverencias sus Palabras y a tu espíritu alimentas con el Cuerpo de Cristo, y recuerdas las Palabras que dijo a sus Discípulos: “Éste es mi Cuerpo. Al que Me quiera, Yo nunca Me negaré”.
Desperté, oí:
¿Qué hubiera hecho Dios Hombre
si los Discípulos callan
y no dicen que era Dios,
y al cabo de otros siglos
cuentan otros hombres
lo que a éstos encomendó?
Dios, cuando le habla al hombre,
si Le guardara silencio,
ya sabría que no era de Él.
Esto sería saber del hombre
y engañar a Dios.
¿Cabe este pensar
en cabeza de hombre
que no sea subnormal,
que esté defendiendo un cargo
y el “don” le den al llamarlo?
El que Dios le dice:
“Ve delante”, lleva el agrado
del Amor que le ha mandado.
Y detrás lleva Poder,
que aparta y grita la fuerza,
y no se puede esconder
lo que ya del Cielo lleva.
¡Qué cosa tan infantil sería
que Dios te hablara a ti,
para que tú te callaras,
y después otro dijera
el mandar que Dios te daba!
***
Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 79-80-81
martes, 29 de enero de 2013
El horno donde el tiempo hace cría
En Sueño Profético decían:
Tiene más fuerza querer que poder. El querer busca el poder. Cuando quieres llegar, llegas aunque sea larga la distancia. Cuando el llegar es para el servicio de Dios, ya te saldrá a tu camino alguien que te ofrezca carruaje. Esto es comparación.
Dijo uno:
El querer para seguir a Dios es el primer personaje. No hay quien siga este camino sin querer buscar el tiempo. Ya, cuando el Amor da querer de a Dios estar queriendo, entonces obliga al querer a que lo vaya siguiendo.
Aquí cuenta una mujer un vivir que ella vivió cuando vivió el Maestro. Ya empezó diciendo:
A mí me enseñó a querer poder una mujer que tenía un horno y vivía al lado de mi casa. Esta mujer tenía cuatro hijos, y a todos los enseñó a querer tener tiempo. Decía, que para querer a Dios, tenías que querer mandarle al tiempo, que el tiempo a veces te quitaba el queriendo; pero que queriendo tú, engañabas al tiempo. Todos los días, ella y yo, salíamos al encuentro del Maestro. Amasaban el pan bien temprano, y amasijo siempre de más quedaba hecho. Un día, fue llegar el Maestro al sitio que Lo esperaban, y hubo varios que querían disculparse con el tiempo. Estábamos las dos, y tres hijos suyos –ya mayores–, un poco más atrás que los primeros, y el Maestro llamó a esta mujer y la puso de ejemplo. Estas cortas Palabras todos oímos:
–Di aquí, en voz alta, lo que Yo sé que tú haces por querer mandarle al tiempo.
–Yo, Señor, creo que es cumplir, pero me falta un contento. Quisiera poder traer a todos para que tu Palabra oyeran. Yo, cuando me voy de oír lo que me da el alimento, quiero que todos me oigan, a los que les falta tiempo pero no Te ven a Ti.
Y ya Le preguntó como chiquillo contento:
–Maestro, ¿qué oración haría yo para que todos vinieran a mí, que me sobra el tiempo?
Puso la Mano en el hombro este Dios sin ser Maestro, cuando todos vieron Sol y había nubes en el momento:
–Tú pones el Amor, y yo hago parada al tiempo.
Desperté, oí:
Cuando el Sol tapó la nube,
se vio en ese momento
un Dios bajando del Cielo.
Aunque no faltó el Maestro,
era Él mismo, y veías
mandarle a la oscuridad.
Aunque sean pocas palabras,
voy aquí algo a dictar:
Esta mujer era viuda,
y siempre iba a buscarlo
después que el pan lo cocía.
Cuando llegaba a su casa
quería decir lo que oía,
y la mitad se quedaba
porque olvidar Dios lo hacía.
Las que iban a comprar,
la esperaban muchos días
sin tener obligaciones,
pero querer, no querían.
Les faltaba el Amor
y buscarlo no querían.
El horno lo conocieron:
“donde el tiempo hace cría”.
***
Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Pag. 86-87-88
Tiene más fuerza querer que poder. El querer busca el poder. Cuando quieres llegar, llegas aunque sea larga la distancia. Cuando el llegar es para el servicio de Dios, ya te saldrá a tu camino alguien que te ofrezca carruaje. Esto es comparación.
Dijo uno:
El querer para seguir a Dios es el primer personaje. No hay quien siga este camino sin querer buscar el tiempo. Ya, cuando el Amor da querer de a Dios estar queriendo, entonces obliga al querer a que lo vaya siguiendo.
Aquí cuenta una mujer un vivir que ella vivió cuando vivió el Maestro. Ya empezó diciendo:
A mí me enseñó a querer poder una mujer que tenía un horno y vivía al lado de mi casa. Esta mujer tenía cuatro hijos, y a todos los enseñó a querer tener tiempo. Decía, que para querer a Dios, tenías que querer mandarle al tiempo, que el tiempo a veces te quitaba el queriendo; pero que queriendo tú, engañabas al tiempo. Todos los días, ella y yo, salíamos al encuentro del Maestro. Amasaban el pan bien temprano, y amasijo siempre de más quedaba hecho. Un día, fue llegar el Maestro al sitio que Lo esperaban, y hubo varios que querían disculparse con el tiempo. Estábamos las dos, y tres hijos suyos –ya mayores–, un poco más atrás que los primeros, y el Maestro llamó a esta mujer y la puso de ejemplo. Estas cortas Palabras todos oímos:
–Di aquí, en voz alta, lo que Yo sé que tú haces por querer mandarle al tiempo.
–Yo, Señor, creo que es cumplir, pero me falta un contento. Quisiera poder traer a todos para que tu Palabra oyeran. Yo, cuando me voy de oír lo que me da el alimento, quiero que todos me oigan, a los que les falta tiempo pero no Te ven a Ti.
Y ya Le preguntó como chiquillo contento:
–Maestro, ¿qué oración haría yo para que todos vinieran a mí, que me sobra el tiempo?
Puso la Mano en el hombro este Dios sin ser Maestro, cuando todos vieron Sol y había nubes en el momento:
–Tú pones el Amor, y yo hago parada al tiempo.
Desperté, oí:
Cuando el Sol tapó la nube,
se vio en ese momento
un Dios bajando del Cielo.
Aunque no faltó el Maestro,
era Él mismo, y veías
mandarle a la oscuridad.
Aunque sean pocas palabras,
voy aquí algo a dictar:
Esta mujer era viuda,
y siempre iba a buscarlo
después que el pan lo cocía.
Cuando llegaba a su casa
quería decir lo que oía,
y la mitad se quedaba
porque olvidar Dios lo hacía.
Las que iban a comprar,
la esperaban muchos días
sin tener obligaciones,
pero querer, no querían.
Les faltaba el Amor
y buscarlo no querían.
El horno lo conocieron:
“donde el tiempo hace cría”.
***
Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Pag. 86-87-88
lunes, 28 de enero de 2013
“Si os ocultáis del que Yo mando, os ocultáis de Mí, y ya estáis pecando”
En Sueño Profético vi una calle, y un lado de la calle era muralla. En lo que daba al frente de la muralla había casas con ventanas pequeñas de aspecto humilde. Llegaron dos hombres con unas cabras, que las entraron por una puerta pequeña que había al lado de la casa, y una tapia alargaba la casa, que nombraban “el corral”.
Dijo uno:
De estas casas salían unas mujeres cuando pasaban los Discípulos; y los paraban haciéndoles preguntas, pero con reserva, porque ellas consultaban luego con otros y allí daban razón. Y a los Discípulos no enteraban de las razones que, los que tenían por inteligentes, les daban. Tenían a los Discípulos en segunda escala.
Pues aquí oí yo al Maestro estas Palabras un día que salieron sin que supieran que Él iba, porque de Él más se ocultaban:
“Estáis premiadas por mi Padre y no reconocéis Premio, porque el Amor os ha abandonado, porque no sois limpias de espíritu”.
“Si os ocultáis del que Yo mando, os ocultáis de Mí, y ya estáis pecando”.
“Yo os premio con decirles a mis Discípulos que pasen por vuestra calle. Que este Premio es a vuestros hijos. Pero vosotras no tenéis Amor ni a ellos”.
“Tantas veces os ocultéis de ellos, y lo que ellos os respondan lo llevéis a otro sitio transformándolo, pensad que estáis pecando contra la confianza de que Yo soy Dios, que es el peor de los pecados”.
Desperté, oí:
Estas mujeres oían hablar del Maestro y se asomaban a la puerta por el griterío que los hijos formaban cogiéndose a las piernas de los Discípulos.
Esto hacían los chicos, y los grandes detrás de ellos se iban.
Engañaban a las madres porque recibían riña.
El Maestro les sacó secretos que ellas creían que no podía saberlos.
¡Pálidas quedaron las caras y lágrimas en el suelo, con la cabeza agachada!
Habían ofendido mucho con la desconfianza y transformado Palabras que a otros perjudicaban.
***
Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - Pag. 204-205-206
Dijo uno:
De estas casas salían unas mujeres cuando pasaban los Discípulos; y los paraban haciéndoles preguntas, pero con reserva, porque ellas consultaban luego con otros y allí daban razón. Y a los Discípulos no enteraban de las razones que, los que tenían por inteligentes, les daban. Tenían a los Discípulos en segunda escala.
Pues aquí oí yo al Maestro estas Palabras un día que salieron sin que supieran que Él iba, porque de Él más se ocultaban:
“Estáis premiadas por mi Padre y no reconocéis Premio, porque el Amor os ha abandonado, porque no sois limpias de espíritu”.
“Si os ocultáis del que Yo mando, os ocultáis de Mí, y ya estáis pecando”.
“Yo os premio con decirles a mis Discípulos que pasen por vuestra calle. Que este Premio es a vuestros hijos. Pero vosotras no tenéis Amor ni a ellos”.
“Tantas veces os ocultéis de ellos, y lo que ellos os respondan lo llevéis a otro sitio transformándolo, pensad que estáis pecando contra la confianza de que Yo soy Dios, que es el peor de los pecados”.
Desperté, oí:
Estas mujeres oían hablar del Maestro y se asomaban a la puerta por el griterío que los hijos formaban cogiéndose a las piernas de los Discípulos.
Esto hacían los chicos, y los grandes detrás de ellos se iban.
Engañaban a las madres porque recibían riña.
El Maestro les sacó secretos que ellas creían que no podía saberlos.
¡Pálidas quedaron las caras y lágrimas en el suelo, con la cabeza agachada!
Habían ofendido mucho con la desconfianza y transformado Palabras que a otros perjudicaban.
***
Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - Pag. 204-205-206
domingo, 27 de enero de 2013
El hombre obedece al hombre y desobedece a Dios
En Sueño Profético decían:
En lo material no te extraña nada de lo que el hombre exige. Todo lo que el hombre quiere, tiene que hacerlo el hombre.
En lo espiritual todo se hace pesado, tan pesado, que muy pocos lo cumplen.
Haremos unas cuantas comparaciones:
¿Qué malo sería en un colegio de niños, que exigen uniforme, que dos o tres no lo llevaran? Pronto diría el profesor: “que el niño quede en casa hasta que se presente como todos”. Esto es aceptado, y viéndolo normal.
¿Qué más daría ser más alto o más bajo, año más o menos, para ingresar en el ejército, o ir vestido de distinto color? ¿O en la estación de invierno llevar zapatos blancos de lona, aquel señor que tuviera un cargo importante? ¿Y la reina, que su corona diera a su servidumbre, haciendo ella el servicio que ésta le hacía a ella? Aquí no sería permitido que la reina sirviera a su servidumbre. Esto no es malo, pero el hombre no permite, el hombre obedece y hace todo lo que el hombre quiere. El hombre es esclavo del hombre e insubordinado de Dios. Hacer lo que a Dios agrada cuesta trabajo. Hacer lo que el hombre quiere, agrada.
Desperté, oí:
El hombre obedece al hombre, y cuida su materia como objeto eterno.
El hombre desobedece a Dios, y se cuadra ante el hombre.
Dios habla, y no es oído. El hombre manda, y es cumplido.
Dios quisiera que Lo oyeran; y lo que oyeran, con Amor lo cumplieran.
Dios sufre más cuando no Lo quieren oír, que cuando no Lo oyeron.
Si no quieres oír a Dios, no Lo llames para que Él te oiga.
***
Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 56-57-58
En lo material no te extraña nada de lo que el hombre exige. Todo lo que el hombre quiere, tiene que hacerlo el hombre.
En lo espiritual todo se hace pesado, tan pesado, que muy pocos lo cumplen.
Haremos unas cuantas comparaciones:
¿Qué malo sería en un colegio de niños, que exigen uniforme, que dos o tres no lo llevaran? Pronto diría el profesor: “que el niño quede en casa hasta que se presente como todos”. Esto es aceptado, y viéndolo normal.
¿Qué más daría ser más alto o más bajo, año más o menos, para ingresar en el ejército, o ir vestido de distinto color? ¿O en la estación de invierno llevar zapatos blancos de lona, aquel señor que tuviera un cargo importante? ¿Y la reina, que su corona diera a su servidumbre, haciendo ella el servicio que ésta le hacía a ella? Aquí no sería permitido que la reina sirviera a su servidumbre. Esto no es malo, pero el hombre no permite, el hombre obedece y hace todo lo que el hombre quiere. El hombre es esclavo del hombre e insubordinado de Dios. Hacer lo que a Dios agrada cuesta trabajo. Hacer lo que el hombre quiere, agrada.
Desperté, oí:
El hombre obedece al hombre, y cuida su materia como objeto eterno.
El hombre desobedece a Dios, y se cuadra ante el hombre.
Dios habla, y no es oído. El hombre manda, y es cumplido.
Dios quisiera que Lo oyeran; y lo que oyeran, con Amor lo cumplieran.
Dios sufre más cuando no Lo quieren oír, que cuando no Lo oyeron.
Si no quieres oír a Dios, no Lo llames para que Él te oiga.
***
Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 56-57-58
viernes, 25 de enero de 2013
Callar esto es querer contar las gotas de agua que tiene el mar
En Sueño Profético yo decía:
Señor, ¿no hablaré de Ti lo suficiente como para que sepan de esta Gloria? Yo Señor no estoy contenta, porque son muy pocos a los que entero a diario. Yo quisiera que se pusieran, los muchos que no lo saben, como los pocos que me oyen. Yo Señor estaré contenta cuando el mundo entero hable de estas Comunicaciones.
Dijo uno:
El hombre a esto le llama vanidad. Esta palabra es de el que no conoce el Amor de Dios. El que siente el Amor de Dios no dice vanidad, éste dice: “Señor, callas tanto porque eres Tú el que actúas. Humanamente no se podría callar”. ¿Cómo puede callar aquel que vea tu Rostro, Pies y Manos, dándole Tú tus Palabras para que haga uso de ellas?
Desperté, oí:
Callar esto es querer contar las gotas de agua que tiene el mar.
Querer que el fuego no queme.
Querer que el Sol y la Luna sean sólo para ti.
Querer que tu caudal compre la Gloria.
Querer que tu materia sea eterna.
Querer que tu carne no sienta el dolor.
Querer que Dios no dé el Perdón.
Querer que Dios le tema al hombre.
***
Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pag. 127-128
Señor, ¿no hablaré de Ti lo suficiente como para que sepan de esta Gloria? Yo Señor no estoy contenta, porque son muy pocos a los que entero a diario. Yo quisiera que se pusieran, los muchos que no lo saben, como los pocos que me oyen. Yo Señor estaré contenta cuando el mundo entero hable de estas Comunicaciones.
Dijo uno:
El hombre a esto le llama vanidad. Esta palabra es de el que no conoce el Amor de Dios. El que siente el Amor de Dios no dice vanidad, éste dice: “Señor, callas tanto porque eres Tú el que actúas. Humanamente no se podría callar”. ¿Cómo puede callar aquel que vea tu Rostro, Pies y Manos, dándole Tú tus Palabras para que haga uso de ellas?
Desperté, oí:
Callar esto es querer contar las gotas de agua que tiene el mar.
Querer que el fuego no queme.
Querer que el Sol y la Luna sean sólo para ti.
Querer que tu caudal compre la Gloria.
Querer que tu materia sea eterna.
Querer que tu carne no sienta el dolor.
Querer que Dios no dé el Perdón.
Querer que Dios le tema al hombre.
***
Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pag. 127-128
Paga Eterna
En Sueño Profético decían:
El que busca a Dios por Amor, Dios le responde amando. El que se confía en Él, Dios siempre sale a su paso. Estas Palabras son ciertas.
Dijo uno:
Yo viví siempre haciendo lo que Dios enseñó en la Tierra, y puse toda la confianza en Él. Yo hacía lo que Él mandaba, y Él me pagaba, pero con una renta que todavía estoy cobrándola. La cobro y de mi renta puedo dar pagas desde esta Gloria de Dios, que Dios es el que me manda. Pero, ¿quién diría mandar, a la Voz de sus Palabras? Pero, ¿quién diría, yo sirvo a Dios cuando me manda? El hombre muere y se queda sin disfrutar de esta Gloria por querer tanto a la Tierra.
Pensad: el perder lo Eterno por darles la preferencia a hombres de grandes talentos, hombres que se creían vivos y aún se siguen creyendo... Aquellos no se pararon a valorar esto Eterno; siguieron dando enseñanza para un corto tiempo enfermo. Si el hombre amara a Dios, pondría primero lo Eterno, buscaría con Confianza, llamaría a Dios del Cielo, viviría la Caridad, y Dios ya le mandaría el Premio.
Desperté, oí:
¡Qué hermosa es la Confianza
que en Dios deposita el hombre!
Esta misma Confianza,
luego enseña a otros hombres.
Este que habla en la Gloria,
buen servicio le hace a Dios,
y qué buena paga cobra.
Cuando vivió con materia,
vivió la vida de Dios:
Amor, Caridad y Paciencia.
Caridad: llevando Amor
a su sufrir y sus penas.
Y Paciencia para quitar
al hombre de la violencia
antes de que pueda pecar
un pecado de condena.
Si estos Servicios practicas,
ya tienes la paga Eterna.
***
Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pag. capitulo 1
El que busca a Dios por Amor, Dios le responde amando. El que se confía en Él, Dios siempre sale a su paso. Estas Palabras son ciertas.
Dijo uno:
Yo viví siempre haciendo lo que Dios enseñó en la Tierra, y puse toda la confianza en Él. Yo hacía lo que Él mandaba, y Él me pagaba, pero con una renta que todavía estoy cobrándola. La cobro y de mi renta puedo dar pagas desde esta Gloria de Dios, que Dios es el que me manda. Pero, ¿quién diría mandar, a la Voz de sus Palabras? Pero, ¿quién diría, yo sirvo a Dios cuando me manda? El hombre muere y se queda sin disfrutar de esta Gloria por querer tanto a la Tierra.
Pensad: el perder lo Eterno por darles la preferencia a hombres de grandes talentos, hombres que se creían vivos y aún se siguen creyendo... Aquellos no se pararon a valorar esto Eterno; siguieron dando enseñanza para un corto tiempo enfermo. Si el hombre amara a Dios, pondría primero lo Eterno, buscaría con Confianza, llamaría a Dios del Cielo, viviría la Caridad, y Dios ya le mandaría el Premio.
Desperté, oí:
¡Qué hermosa es la Confianza
que en Dios deposita el hombre!
Esta misma Confianza,
luego enseña a otros hombres.
Este que habla en la Gloria,
buen servicio le hace a Dios,
y qué buena paga cobra.
Cuando vivió con materia,
vivió la vida de Dios:
Amor, Caridad y Paciencia.
Caridad: llevando Amor
a su sufrir y sus penas.
Y Paciencia para quitar
al hombre de la violencia
antes de que pueda pecar
un pecado de condena.
Si estos Servicios practicas,
ya tienes la paga Eterna.
***
Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pag. capitulo 1
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