miércoles, 10 de mayo de 2017

El ciego que dejó dudas

En Sueño Profético decían:

Si crees en el Poder de Dios,
lleva siempre el traje de la Fe,
que este traje es inconfundible
para todo el que lo ve.

La Fe es la que hace
que te puedan conocer,
que Dios va siempre delante
y tú vas detrás de Él.

La Fe te abre caminos
donde caminos no ve
el que le falta ponerse
este traje de la Fe.
       
Dijo uno:

La Fe cura enfermedades
que el hombre en el cuerpo ve.

Yo vi a un ciego,
que a veces
veías que era ciego
por lo que decía él.

Esto, si estaba sentado
y nada iba a coger.

Tenía sus ojos grandes
y limpios, de amanecer.

Su mirada él la echaba
en aquel que le hablaba
y miraba hacia él.

Siempre tenía en su boca:
¡Yo tengo un día que ver!

¡Si a mí no me falta nada,
tan sólo el día que Dios diga:
“Hoy vas a ver”!  

Es su Palabra
la que mis ojos esperan,
y yo espero
el romper de este no ver.

Desperté, oí:

Hubo que hablar en el pueblo
cuando el ciego ya no era ciego.

El que creía en Dios,
milagro iba cundiendo.

El que no creía en Dios, decía:
“Es que no era tan ciego”.

Él se manejaba bien,
y siempre risueño y contento.

Iba vestido de Fe,
y lástima no daba
como daban otro ciegos.

Esta Fe le da la vista,
dando premio.

Treinta años iba alcanzando
cuando vio la Luz del Cielo.

“El ciego que dejó dudas”,
en el pueblo le pusieron.

Pero iban a buscarlo
enfermos de espíritu
y enfermos de cuerpo.

Él recitaba la Fe,
para no perder el Cielo.

Dos siglos ya han pasado
que ahí ocurrió este hecho.


***

Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C2