domingo, 5 de abril de 2020

Todo lo sabía el Maestro, como Dios que era

En Sueño Profético vi un sitio grande y una mesa. No se veían más muebles que unas sillas. Unas quedaban fuera de la mesa y otras, sus asientos, metían debajo de la mesa. Había unas ventanas que estaban dentro del muro, y desde dentro costaba trabajo tocar los hierros.

Ya dijo el Mando de Dios en un espíritu:

A esta mesa se acercaron y oyeron a Jesús los Discípulos y algunos que no tenían Mando del Maestro todos los días.

En esta mesa cayeron lágrimas de algunos Discípulos cuando el Maestro les dijo que sabía lo que iba a pasar, y que ellos no lo sabían. Cayeron lágrimas al oír:

Yo sé, de aquí, el que está con el que quiere crucificar mi Cuerpo”.

Antes de terminar las Palabras, se pusieron de pie unos, otros no pudieron decir nada más que ¡Maestro!, y las lágrimas seguían dando testimonio del Amor que aquel cuerpo sentía por Dios, aunque se oía “Maestro”.

Otra vez se vio la mesa, y siguió la misma voz:

Después de faltar Jesús no podían llegar a la mesa. Adoraban el sitio que ocupó el Maestro, y lloraban cuando miraban el sitio de Judas. Quedó para siempre fuera de los Once.

Desperté, oí:
Judas no peca contra su cuerpo,
Judas quiere saber
del Maestro para venderlo.

Los Discípulos no sabían nada.

Todo lo sabía el Maestro,
como Dios que era.

Judas acaba con su cuerpo,
pero al espíritu no llega.

Que éste Mensaje sirva
para Amar el hombre a Dios,
en la Tierra.


***

Libro 23 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IV - C4

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