sábado, 2 de febrero de 2013

Con todo lo que me hacían, no se iba mi alegría

En Sueño Profético decían:

Amando a Dios, siempre tendrás alegría de la que Le alegra a Dios. Amando como yo amé, nunca se acaba este Amor. Amando sin ocuparte de las cosas de la Tierra, te va creciendo el Amor, y se hace compañero con la alegría de Dios. El Amor, hasta en el sufrir, sientes el sufrir contento, cuando te manda sufrir aquel que quiere inventar que Dios no te trae a su Reino. Yo, con muchos discutí, y en algunos casos tuve que mirar al Cielo pidiendo a Dios que me diera Palabras, sin que notaran lo que pensaba por dentro, que Aquí lo digo ya en Gloria. Éste era mi pensar:

Señor, mándale castigo, que lo dejes sin hablar, el que persiga al que diga: “Dios me arroba, o Él viene a mi lugar”. Llámale como Tú quieras, pero déjalo sin que vuelva del camino cuando van por la mitad.

¡Cuántas veces me cansaba de tanta preocupación! Ya que iba caminando con mi alegría de Dios, otra vez todo el convento, con un toque de tristeza, obediencia y separación, ya no me daban palabras hasta toque de Oración.

Desperté, oí:

Con todo lo que me hacían,
no se iba mi alegría.

Era mi Amor que tiraba,
despidiendo a las penas
que el que no amaba me daba.

Era el Amor que podía
con las murallas de fuera
y con los noes que había dentro.

Cuando ponían silencio
para que yo no contara 
la intimidad de este Reino,
la alegría me llevaba
allá, al rincón del convento.

Y ya veía que Dios
me mandaba la Visión
que nadie estaba viendo.

¡Ay alegría o Amor!
¡Ay Amor o alegría!
¡Ay Dios, que sin tu Amor,
la noche sería día
sin alegría de Dios!

No hay cosa que dé más pena,
que no tengas alegría
y estés de noche despierta.

Yo dormía y despertaba,
o me dejaba despierta,
pero siempre en mi compaña
la Visión del Cielo a Tierra.

La alegría, el Amor,
el sufrir y algunas lágrimas,
siempre veían en mí.

El que entendía de Amor,
no le llamaba sufrir,
decía: Ya va Teresa
repartiendo su sentir.

No hay quien ame y la oiga,
y se quede sin sentir.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pag. 173-174-175