jueves, 7 de febrero de 2013

El Amor va delante

En Sueño Profético decían:

Hay quien pasa por la casa, estando la puerta abierta, y no entra. Y luego, que está cerrada, llama y entonces no contestan, porque la casa ya vacía se encuentra.

Dijo uno:

Yendo un día Jesús a predicar a la montaña, salieron unos y se acercaron a Jesús, y Le dijeron estas palabras:

   –Maestro, sin en vez de pasar hoy, pasas mañana, nos hubiéramos ido contigo a oír tus Palabras, que tanto escándalo tienen formado en todos los terrenos de Israel. Pero hoy tenemos una cita con otros propietarios que sus fincas lindan con la nuestra, y ya hemos quedado en sitio y hora.

   –Mañana, si pasas, nos vamos –esto se oyó de otro, pero el Maestro contestó a todos:

   –Si Yo para que oigan mis Palabras tengo que pasar delante del que quiere oírlas pero le falta Amor, ya no era Dios de Hombre, era Hombre, pero no Dios Hijo, que mi Padre en Mí manda. Hoy he pasado para que mis Discípulos aprendan que el Amor a mi Padre y el seguirme a Mí tiene que ser pudiéndole el Amor a todo lo de la Tierra. Si así no fuera, nadie seguía al Maestro, porque mi seguir es duro camino de piedras, puestas de punta por el hombre para que nadie lo siga. Mañana te tendrá la tierra otra faena para que no Me sigas, porque Amor no va delante. Ya, con haber pasado por tu puerta, tendrás siempre que recordarme cuando hablen del Maestro con deseos de conocerlo.

Desperté, oí:

Había dos de los Discípulos que varios días Le decían al Maestro:

“Maestro, si pasamos por la plaza,
quieren unos conocerte,
y se vendrán a la montaña”.   

Esto, varios días lo dijeron,
y el Maestro quiere
darles allí la Enseñanza:

Que si aman a Dios Padre,
al Maestro Lo buscaban.

No se dan por elegidos
cuando por su puerta pasa,
y se atreven a decirle:
“¡Si puedes pasar mañana...!”.

Si esto hacían con Él,
¿cómo cumplir sus Palabras?

Dios busca al hombre
que Lo quiere conocer
y pregunta sus Pisadas.

Y busca al pecador
que llora y no se atreve
a pedirle su Perdón.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - Pag. 43-44-45