viernes, 8 de febrero de 2013

Reformar no es de Dios, si Le reformas a Él

En Sueño Profético decían:

Estará más cerca de Dios, el que más cumpla sus Palabras y las cumpla por Amor. Estará más cerca, el que más sienta la necesidad de sus Palabras, porque el amarlo te hace buscarlo donde Él se comunica.

Dijo uno:

Si el hombre pensara adónde va su cuerpo y adónde va su espíritu, no cabe duda que daba preferencia a la Enseñanza que Dios manda para el espíritu. Dios manda sus Palabras como el día y la noche, aunque ayer fue día y luego noche. Pero Él manda el día y la noche para dar vida y que tú digas “ayer y hoy”, aunque el día sea igual y lo mismo la noche.

Pues eso son sus Palabras: unas fueron ayer, otras son hoy. Es la vida que Dios manda para el espíritu, como para el cuerpo la noche. Es todo igual lo de Dios, como el día y la noche; como la hembra y el varón, que nunca pueden ser iguales, porque también es de Dios. Uno nace para madre, y otro nace para padre. ¿Quién haría aquí reforma, y vieras al hijo nacer del padre? Pues todo, si lo comparas, le verás la misma lógica, porque Dios, cuando hizo al hombre, ya lo hizo admitiéndole reforma, pero reforma con tope, siempre yendo de esta Gloria.

Todo lo que no es de Él –de su Evangelio dicho entonces, dicho ahora–, ponlo en sitio de demonios, que no entran en la Gloria, por enredos y razones que el que no ame te ponga.

Desperté, oí:

¡Qué sería de ese mundo
si Dios al hombre
no se comunicara?

Si el hombre pensara esto,
sufriría de ver
al que a Dios no amara.

¡Qué cierto,
que comprensión es Amor!

¡Y aceptar, es creer!

Reformar no es de Dios,
si Le reformas a Él.

Porque miedo da el pensar:
“¡Dios, no has hecho esto bien!”.

Esto, si quitas Amor,
que si el Amor lo dejas,
todo lo entenderás,
con alegrías o con penas.

Tan sólo con el pensar
si Dios lo quita o lo deja,
¡Él sabrá de su final!

El hombre quiere vivir
apartando lo del Cielo.

Y no sabe que esto es Vida
para los vivos y los muertos
que entierro les dan ahí.

Aquí hay vivos
que sus cuerpos ahí enterraron.

Y ya están muertos muchos
que los ven ahí andando.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pag. 86-87-88-89