sábado, 9 de febrero de 2013

El leñador santo

En Sueño Profético hablaba una mujer, y dijeron:

Esta mujer habla en la Gloria de Dios, pero quien habla es Dios. Esta mujer cuenta la vida de un leñador que vivió una vida tan santa, que Dios cogió de amigo al leñador y lo traía a esta Gloria para que enseñara a vivir como él vivía y contara la Vivienda Eterna, donde Dios esperaba al que ahí Lo quería y al que ahí Lo despreciaba.

Dijo el mismo que hablando estaba:

Yo sigo contando la historia de este leñador, que el que tuviera trato con él, se hacía santo viviendo la santidad, que de Aquí salen los Santos. Este hombre era casado con una mujer que perdió el nombre por éste: “La que paciencia enseña”. Tenía dos hijos, y con dos bestias, un hocino y un hacha, vivía esta familia, que también su sobrenombre tenía: “Los leñadores contentos que te transmiten la alegría”. A cada burro le habían puesto en la cincha unas campanillas, que sonaban según querían. Cuando venían con la leña, era un tilín lento. Y cuando iban subidos, el tintín era contento. Un día, me contó el padre –que era el primero que fue bueno, y ya siguieron los hijos adornándolo como ángeles del Cielo–, que cuando cortaba la leña, veía doblar el tronco sin él haber hecho esfuerzo. Se paró y casi, casi sintió miedo. Miraba el hacha y el tronco, y antes de que mirara el hacha, el tronco ya estaba con su largura en el suelo. Un día cogió al mayor de los dos hijos –con doce años– y le dio el hacha señalándole dónde tenía que golpear. Fue dar el segundo golpe, y el mismo muchacho decir: “¡Padre, tengo hasta temblor! Ya está cortado el eucalipto. Esto me viene pasando hace días. Se lo conté a madre y me dijo: “reza y da gracias a Dios, que eso eso lo que yo Le pido a Dios, que cortéis con su ayuda”. Desde ese día, era el rezo de los tres juntos, cuando llegaban al campo; y cuando terminaban, en su casa, ya eran cuatro dando gracias. Este leñador llegó a ver a Dios entre la leña y el monte, y su hijo lo firmó. Siempre contaba el leñador alguna Visión que Dios le hiciera.

Desperté, oí:

Cuando nació el leñador,
al poquito de nacer,
dicen que dijo la madre:
“Señor, si mi hijo va a ser tuyo,
ya empiezo gracias a dar”.

“Pero si va a ir en tu contra,
ya te lo puedes llevar”.

¡Cuánto amaría esta madre
para hacer este rogar!

¡Y qué Dios pagando al hombre
este pagar sin igual!

Si piensas, no fue el primero
el leñador en amar.

Fue la madre que lo ofrece
antes de poder pecar.

¡Cuánto puede este Amor,
Amor de la Eternidad!


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Libro 14 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo II - Pag. 133-134-135