jueves, 2 de marzo de 2017

En mi espíritu, primero

En Sueño Profético decían:

El hombre no valora lo de Dios porque no Lo ama.

El hombre no valora la oración del que Dios manda, porque no Lo ama.

Si el hombre amara a Dios, una petición de Dios jamás podría negarla.

El hombre, en el gran apuro, busca al que Dios manda, le pide y hasta le exige que la petición sea larga, y le llora por el sufrir que nadie en la Tierra puede hacer nada.

Dijo uno:

Haz un pensar en las peticiones que has hecho, y haces, para el sufrir achicar. Seguro que si las cuentas, juntaras muchas docenas que no tenían remedio y hoy se encuentran remediadas.

Esto no lo piensa el hombre porque le falta el Amor. Si amara, comprendería y lloraría el negarlas.

Dios no te pide imposibles, porque al pedirlos, obstáculos quita ya. Pero respeta y te deja entera Libertad.

Pero piensa que si amas a Dios, no puedes negarle nada, porque todo lo que tienes, Él dejó que a ti llegara.

Desperté, oí:

Si hiciera un recuento el hombre
de lo que da al Elegido
y de lo que de él recoge,
no se atrevía a decir “no”
sin haber oído pedir.

Una vez de oír sufrir
para quitar donde fuera,
si el quitar estaba en ti,
sufrir quitabas por fuerza.

La presencia del Elegido
da ganancias tan solo con su presencia.

Pero más ganancias da
cuando tú dejas la Tierra
y tuviste su amistad.

¡Qué cierto que si amaran a Dios,
valorarían la amistad del Elegido,
y harían pensar: “cuánto bien
llevo yo ya recibido”!

“En mi espíritu, primero,
en mi cuerpo
y en lo que creo que es mío”.

Porque Dios puede, de momento,
prohibir al Elegido
que donde no amen a Él,
cementerio sea el sitio.


***

Libro 21 - Te Habla el Profeta - Tomo III - C2