miércoles, 28 de junio de 2017

Inquietud por el Amor a Dios

En Sueño Profético decían:

No digas vida a la vida, si estás retirado de Dios.

No digas aquél es bueno, si no cumple las Palabras de Dios.

Y no digas yo a Dios amo y no voy donde a diario dan palabras, que horas antes Dios las dio. Que no traen  nombre ni sitio, que son para el que ama a Dios.

Si tú dices que Lo amas, ponte en la nota que “no”.

El Amor a Dios es algo que siempre te tiene inquieto, y jamás te encuentras harto para decir: “yo ya estoy lleno, y no puedo abrazar más el Amor de Dios.

El Amor a Dios es algo que tiene tantas polémicas por no poder compararlo.

El Amor a Dios es el gran guardián para quitar el pecado.

El pecado, muchas veces, intenta hacerse amigo  con el engaño.

Yo sentía consejos de engaño, que Dios me ponía al descubierto cuando iba a aceptarlos.

Sentía un peso en mi cabeza, con estas falsas palabras:

“Teresa, el día que mueras, así la Gloria no ganas, porque te vistes con la avaricia de querer que tu Amor a Dios supere al de otros que aman. ¡Así, la Gloria no ganas!”.

Lágrimas querían caer, y lágrimas sujetaba, agrandando el Amor, cuando a la  calle me echaba.

Desperté, oí:

Mejor quería oír:
Teresa, ¿tú no te cansas
de tanto ir y venir
a sitios
que no creen tus palabras?

Esto me hacía más fuerte,
y más caminos corría
llevando las Palabras
que, en éxtasis,
este Único Dios me decía.

Cuando mi espíritu
ya le daba mando a mi cuerpo,
yo ya no era Teresa,
la que pisaba ese suelo,
era el Amor de Dios,
con su Ejército Celestial,
con su escándalo y silencio.

¡Ay Ejército Divino,
que acuden donde lo llaman
con Amor de Dios Divino!

¡Ay Amor,
que buscas espíritus,
porque sabes que son eternos
y luego vuelven a su sitio!

¡Ay Amor,
que es deseado por pocos,
y por muchos despreciado!

¡Ay Amor,
que si te admiten,
tú ya quedas ahí anclado!

Yo quería anclarlo en muchos,
y nunca me fue faltando,
porque el Venero Divino
es Dios Padre, Dios Hijo
y Dios Espíritu Santo.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 26 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo III - C4