sábado, 18 de noviembre de 2017

La Paz venga en vuestros espíritus para que Dios esté contento

En Sueño Profético decían:

¡Cuántos nombres le pone el hombre a lo que nombre no tiene, como no nombres a Dios! Pero él, para no nombrarlo, te nombra la ciencia, el adelanto. Y el cuerpo, de su inmensa maquinaria, él se quiere hacer dueño, sin pensar que el motor del cuerpo anda o se para con un “sí” o un “no” de Aquí del Cielo.

Al hombre intelectual, si no es de Dios, le molesta que un pastor, en la montaña, le nombre a Dios, hablándole del rebaño, del lenguaje de los corderos.

Dijo uno:

Yo dejé de ser amigo de uno que era amigo mío, no siempre, por su forma de pensar. Decía que todo lo hacía el hombre.

Un día me emparejé con él cuando yo iba a la montaña donde vivía una familia, que tanto nombraba a Dios, que tú vergüenza pasabas de ver que libros allí no tenían donde pudieran consultar palabras de tan gran valía. Me lo llevé como niño que entretienes, y a mi buen amigo lo presenté. Estas palabras oyeron del pastor, que con sus corderos, su Cielo y su montaña, no deseaba nada con ira, ni jamás le faltaba calma:

“La Paz venga en vuestros espíritus para que Dios esté contento. Si sólo viene en el cuerpo, nunca estaréis unidos como están mis corderos.

Nunca juntan las cabezas, como el hombre hace con las manos, para matarse. Ellas se juntan y se abrigan y el pasto se lo reparten. Si una llega balando, dejan paso para que pase.

Esto tiene un gran estudio para los hombres que creen que el ser bueno y noble lo hacen los libros. ¡Que lo pueden hacer los libros si a Dios pones en los libros!”.

Desperté, oí:

Este pastor nos dejó sin palabras que pudiéramos contestarle.

Yo quedé mudo de alegría. A él las lágrimas se le cayeron de oír de aquel pastor lo que no había oído de nadie.

Nos fuimos y en el camino me decía:

“Tú quieres creer que llevo delante de los corderos al pastor y algo en mi interior que no sé cómo explicarte”.

Ya empecé a ser su amigo, porque no era el mismo de antes.

Si amas a Dios de verdad, haces que muchos Lo amen.
 

***

Libro 29 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo IV - C2