miércoles, 1 de noviembre de 2017

La tienda de telas

En Sueño Profético decían:

El espíritu, cuando está con Dios, da respuesta al cuerpo. El espíritu es el dueño del cuerpo. Si el cuerpo levanta el brazo, ya dio el mando el espíritu. Que puede que este mando sea de otros espíritus, bien buenos, bien malos. Pero cuando son de Dios, convierten en sol lo nublado, o sea, que ves que es de Dios ese Mando.

El espíritu que no es de Dios, te atormenta, y siempre al mal te está empujando, y quiere que te retires del bien que tienes a tu lado.

Dijo uno:

Yo, cuando vivía con cuerpo, notaba el espíritu que de Dios no venía, aunque no hiciera vida de escándalo.

Mi vida la conocían porque heredé de mis padres –que muy joven sin ellos me quedé– un mostrador y unas telas. Que esta venta nos daba para comer y juntar algunos cuartos. Que la casa en que vivíamos era nuestra. Pues yo había veces que después que medía las telas, mi espíritu se alborotaba. No había hecho ni salir una mujer, cuando me decían: “Debías haberle cortado, en vez de la tela, la lengua. ¿Tú no sabes que ésa es la que dice que oír el nombre de Dios la pone mala?”.

Desperté, oí:

Esta mujer no creía y no callaba. Cuando más gente veía, más insultos de su boca al Cielo iban.

Cuando ya yo me di cuenta, por la ira que demostraba su cara al ver que yo no era el mismo cuando por la puerta entraba, un día me dijo delante de varios que la tiendan llenaban:

“Yo vengo a ver las telas y a comprarlas porque todavía no he oído eso que la gente habla: que tú crees en otro Mundo y que siempre tienes el nombre… Dilo tú, que yo no lo digo, porque al oírlo me pongo mala”.

No pude guardar silencio y dije estas palabras:

¡Dios mío, concédeme el milagro de que no vea más su cara!

Que yo Te prometo que no vuelve más a pisar mi casa.

Si mis fuerzas no sirvieran, deja mi casa en solar y llévame contigo a tu Gloria Celestial.

Todavía dijo poco, pero este poco sirvió para que a mi tienda no entrara más.


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Libro 30 - Investigaciones a la Verdad - Tomo IV - C6