domingo, 16 de diciembre de 2012

Abriga tu privilegio

En Sueño Profético decían:

¡Qué pena tiene que ser
que otro luzca tu aderezo!

¡Qué pena tiene que ser
que cojas lo malo por bueno!

¡Qué pena tiene que ser,
querer recoger el agua
que tú dejaste caer!

Todo esto va para el hombre,
para que cosa que haga,
piense en hacerla bien,
y cuando tenga la silla,
no haga descanso en pie.

Dijo Santiago:

Aquí refiero unas Palabras que dijo el Maestro a un grupo de hombres que salieron un día al encuentro de nosotros.

Dijo el grupo:

   –El año que viene Te oiremos algún día en la montaña, pero este año la faena es mayor que el deseo de oírte, y el tiempo falta y la faena sobra.

En este grupo iba un primo de Santiago. Y estas fueron las Palabras del Maestro:

  –Puede que cuando no tengas faena, no tengas ni faena ni Maestro. Pues al que quiere oírme, Yo le acorto la faena y le alargo el tiempo. Mis Palabras, aquí tienen resonancia, y enseñándolas, llegan a todos los rincones, pero mi Presencia es privilegio para pocos. Si tú no abrigas este privilegio, para qué te voy a dar la ropa.

Todas las miradas fueron buscando el Rostro de Dios Hombre.

Desperté, oí:

¡Da que pensar el empiezo,
de no querer lo que tienes,
y estar siempre despreciando!

¡Primo de Santiago era
el que le faltaba el tiempo!

Y éste mismo convencía, con hechos,
de que le faltaba el tiempo.

Las Palabras del Maestro,
más que Amor, sembraron miedo.

Miedo, porque fue con pena,
cuando dijo privilegio.

¡Cuántos pueblos hubieran dado
el sudor por conocerlo!

El sudor era el salario,
que brotaba de su cuerpo.

Otros, lo hubieran seguido,
olvidando la materia.

¡Cuántos miraron al Cielo,
cuando lo anunció la estrella!

Y éstos que allí lo tenían,
un año se echan de sentencia,
sin oírlo noche y día.

Cuando el año pasó,
al Maestro no veían,
porque cogió otro camino,
que lo amaban y lo querían.

Si Dios te da un privilegio,
abrígalo con Amor,
que Dios no sienta desprecio.


***


Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 72-73-74