domingo, 2 de diciembre de 2012

Hágase tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo

En Sueño Profético decían:

Ella aceptó siempre lo que tantas veces suplicó: “Hágase tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo”. Esto dicho por tantos y aceptado por muy pocos. Ella llamaba “viniera su Reino” y se ofrecía aceptando su Voluntad.

Dijo uno:

Un día iba yo a mi faena y delante de mí iban tres o cuatro. Como el camino era estrecho, tuve que ir cerca de ellos y oír las palabras que iban diciendo y que aquí repito:

   –Yo acepto todo lo que el Maestro mande, y no sólo lo que mande, yo acepto lo que permita.

Dijo otro:

   –Lo que mande, ya viene de Él. Y lo que permita, piensa que es sufrimiento que Él tiene. Todo es Dios presente, aunque veamos al Maestro, Hombre entre nosotros, y Él haciendo de compañero nuestro, pero sus Palabras y su Espíritu son Dios.

Seguí aún acercándome más a ellos porque sus palabras e ideas me daban satisfacción. Como la vereda se estrechaba, ya les pregunté:

   –¡No cabe duda que bien conocéis al Maestro, y que Lo amáis!

Uno contestó:

   –Sí, el Amor nos hace obedecerlo y aceptar todo lo que Él mande.

Dos voces juntas contestaron:

   –Somos Discípulos suyos: Felipe, Matías, Juan y Pedro, y vamos llevando sus Palabras.

Desperté, oí:

¡Qué fuerzas llevaban las Palabras que el Maestro les había dado para los que seguían siendo pecadores, que mucho habían pecado!

Este hombre que los siguió,
que pisaba sus pisadas,
cuando ya se emparejó,
a Dios por dentro llamaba. 
 
Esto era una oración:
darle cuenta de sus culpas
y suplicarle el Perdón.

Con la oración termina,
con la oración empezó:

“Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu Voluntad
así en la Tierra
como en el Cielo”. 

Si piensas el no aceptar,
no reces el Padre Nuestro.


***

Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - Pag. 266-267-268