jueves, 15 de septiembre de 2016

Al hombre le molesta que hable Dios

En Sueño Profético hablaban de los Elegidos por Dios, de los que Dios les enseña Sabiduría Divina; de los que antes de ser Elegidos, quisieron ser Elegidos; de los que se prepararon para oír la Palabra de Dios Vivo; de los que no querían pecar y sufrían por el que pecado estaba haciendo, o por la vida que hacía, que lo podía llevar a pecar. Estos Elegidos por Dios, siempre son maltratados por el hombre, son maltratados por el hombre desde el principio del mundo.

Al hombre le molesta que hable Dios; le molesta que sea el Dueño de todo lo creado: de lo espiritual y de lo material; le molesta que Dios sepa quién es el malo; le molesta que Dios no necesite que le abran puertas para entrar en tu casa y sepa lo que tú estás haciendo; y le molesta que Dios diga:

“Huracán, arrasa lo que el hombre hace, que lo cuida creyendo que es eterno. Y si manda a la montaña, que quede montaña en suelo sin que el hombre vea la tierra que montaña estaba haciendo”.

Esto es lo que el hombre no quiere aceptar de Dios, Único en Sabiduría, en Poder y en Mando.

Si el hombre quisiera a Dios, buscaría y aceptaría al que Dios Aquí trae. Primero Lo buscaría por Amor. Y después, por sentirse protegido por este Dios Vivo, por este Dios Guía y Vida Eterna, por este Dios que elige para que su Palabra la lleven de Aquí, de esta Gloria, al hombre, que si se salva, es por la Misericordia que Dios Padre al Hijo manda, por los ruegos del que ama.

Desperté, oí:

La justificación del hombre
al no querer aceptar,
no tiene pruebas ante éste
que Aquí Dios trae a enseñar.

Que compare el que quiera,
separándose de los dos,
y con un sí o un no honrado,
que escriba la aprobación
de lo bueno o de lo malo.

Éstos son dos que discuten:
uno, que me habla Dios,
y otro, que desmiente el Sueño,
éxtasis o revelación.

Pero con la diferencia,
que el que dice “me habla Dios”,
si discute, son Palabras
de pura Gloria de Dios.

Al que desmiente le faltan
palabras y Amor a Dios.

Le falta la inteligencia
para conocer la Voz,
aunque voz sea de cualquiera.

Nada más que la humildad,
se pone en plana primera
del que dice “me habla Dios”,
o del que juzga sentencia.

Dios sabe antes de hablar
el que su Habla desprecia.

Dios sabe el que dirá:
“¡Los santos para la hoguera!”.

“Con los santos acabad.
¿Quién ha visto a Dios en la Tierra,
hablando en un Lugar,
y siendo un Lugar cualquiera?”.

“¡Qué lo procesen, verás
como ya nadie comenta:
Dios habla para enseñar,
y no cosas de la Tierra!”.

Mil veces repite el Cielo:
“¡Hombres necios de la Tierra,
que Dios tan sólo da Paz,
y el hombre le forma guerra!”.


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Libro 8 - Dios No Quiere, Permite - Tomo I - C1