jueves, 8 de septiembre de 2016

Dos mujeres

En Sueño Profético hablaban dos mujeres de un hecho de cuando Dios vivió de Hombre, que era Hombre a la vista del hombre, pero era Dios.

Dijo una:

¡Qué sencillo es amar y creer, y qué montaña ve en esto el que no ama!

Yendo yo un día con mi tabla de pan al horno, a que recocieran las piezas que había amasado, oí un tropel por la calle –esto fue un año antes de su Crucifixión–. Venía conmigo otra que siempre estaba hablando de Dios Padre. Ninguna de las dos lo conocíamos. Yo sentía deseos de conocerlo, pero siempre vivía a distancia de Él. Pues ya que vino a mi pueblo, yo no me quedaba sin conocerlo. Dejé la tabla sin aún cocer y me uní a los que contentos iban detrás de Él. La que venía conmigo no creía que era Dios. Dijo:

   –No sigo. Será un hombre muy santo, pero de esto a que sea Dios va un gran paso.

Cuando llegó a una plaza se paró mirando a los que tenía detrás, y con la Mirada puesta en mí... Sigue tú –le dijo ésta a otra que también el caso presenció.

Le dijo:

   –Tú has creído en los Profetas porque creías en mi Padre, y ahora crees que soy Dios. Si no crees en mi Padre, no buscas al Hijo, no lo conoces y no sabes de su Reino. Si todos hacen lo que ha hecho la que ha despreciado la Palabra que Yo traigo de mi Padre, mi Padre no me manda. Ésa ya sabía mi Padre que no lo amaba, aunque hiciera mucho uso de su Nombre. Tú darás testimonio cuando jamás pronuncie el Nombre de Dios.

Desperté, oí:

Dios le quitó del pensamiento y de su lengua, el que usara más su Nombre en falso.

Fue escándalo su silencio cuando no podía pronunciar el Nombre de Dios.

Todas las palabras las hablaba normal, pero el Nombre de Dios no tenía sonido.

Había quien le decía: “Deletrea”, y entonces quedaba como convulsionada.   

La que amaba y creía, abandona el pan y a Dios sigue noche y día.

La que no amaba, hoy no lo puede dictar. Dicta la que amaba.

Ya, al presenciar la forma de Este Dios hablar, todos se convierten en llanto, que era el Amor expresar.

El que creyó en los Profetas, a Dios tuvo que buscar.


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Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C6