jueves, 1 de septiembre de 2016

Cómo dejar de pecar

En Sueño Profético hablaban de cómo dejar de pecar. Llegaron unas mujeres que estaban pecando mucho y dijeron:

   –Magdalena, tú contéstanos sin llanto ¿se puede dejar de pecar, estando pecando tanto? 

Contestó la Magdalena:

   –¿Es pregunta con Amor u os estáis de mí mofando? Porque según preguntéis, yo os iré contestando.

Respondió la que era más joven:

   –Yo, antes ya de venir, a Dios Padre he llamado, por si no voy a cumplir lo que Él tiene mandado que me venga enfermedad y quede mi cuerpo sellado, para que todo el que lo vea se retire del pecado.

   –¡Basta! –dijo Magdalena. Yo no necesito tanto, con que quieras que te enseñe a amar como yo Lo amo... Te voy a decir lo primero que a mí me fue pasando: Un día, estaba yo con unos cuantos hablando, y pasaron dos o tres, y dijo uno de los que estaban conmigo:

   –¿Ves esos hombres? Dicen que son como hermanos de ese que llaman Maestro, Mesías, Hijo del Hombre, y otros Le llaman Dios Hijo”.

Miré con tanta insistencia que uno quedó parado, y me dijo:

   –Magdalena, ¿quieres pasarte a este Lado?

   –¿Es que tú a mí me conoces cuando mi nombre has pronunciado?

   –Somos Discípulos del Hijo del Hombre, a quien su Padre ha mandado a salvar a pecadores y quitarlos del pecado, y a Él, como Dios que es, nadie Lo tiene en engaño.

Siguieron su caminar, y cuando anduvieron unos pasos los llamé con ansiedad para ir yo sola a Buscarlo.

   –Decidme, ¿adónde podré yo ir que allí estuviera?, porque sé que ya no peco, porque pecar no pudiera con este Amor que siento en espíritu y materia.

Desperté, oí:

Cuando llegué a Verlo,
mis lágrimas se caían
en silencio en el suelo.

Y cuando me perdonó,
quise de mi espíritu arrancarme algo
para tener sólo a Dios.

Esto mismo le enseñé
a ésta que me preguntó:
¿Se puede dejar de pecar,
estando pecando tanto?

Dios quiere que ya no peques,
sin preguntarle tus daños,
porque si te Los refiere,
mueres de angustia y de llanto.

MAGDALENA


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Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo I - C8