lunes, 18 de noviembre de 2013

El que oculta y el que pecó

En Sueño Profético decían:

Hay quien se tapa del hombre para decir que a Dios ama. Que si amara, pensaría que el grande Amor no se tapa porque te contesta el Dueño, que tu Amor no Le hace falta, que si no oyes su Voz, te contesta sin Palabras. Estas grandes explicaciones se estarían contestando y jamás que se acababan.

Dijo uno:

Dios, cuando vivió de Hombre, lo que más Le ofendía era seguirlo y luego, el que Lo había seguido, que lo ocultara. A éstos les prohibía Lo siguieran. Lo que no hacía con el que había pecado.

Aquí cuento yo una escena que muchos presenciaron, de Magdalena, cuando un día oyó un tropel por una calle donde ella bajaba cuando aquel gentío subía. Le preguntó a un muchacho que su aspecto era más chico que años tenía –pues tenía 17 y unos 15 parecía–. Esta pregunta es de Magdalena:

   –¿Vienen solos los Discípulos o siguen al Maestro los pasos por esta calle?

   –¡Sí, viene el Maestro con ellos!

Cuando Magdalena vio su Frente, echó pasos atrás y se metió en un portalón, y sus lágrimas rodaban, pero ya no era como antes de recibir el Perdón. Era quitarse por el hombre, para que no refirieran sus pecados perdonados, y que otros, pecado hicieran. Cuando llegaron al sitio que allí otros esperaban, dijo el Maestro:

   –Hoy toca la Enseñanza al que Me sigue y luego no habla de Mí por respetar al que no me quiere. Y al que hizo los pecados y Me buscó, y hoy Me sigue y se esconde para que otros no pequen, a éste le doy mi Palabra para que vaya y la enseñe. Y al que Me sigue y Me oculta, puede darse porque no Me conoce. Y el que Yo no conozco en la Tierra, mi Padre no lo entra en mi Reino.

Y se dirigió a un matrimonio que vivía cerca de Magdalena, y le mandó estas Palabras:

   –Cuando lleguéis a la casa, estará Magdalena en vuestro escalón esperando mis Palabras, que tú has oído, y que mientras ha durado mi predicar, ella, sus rodillas, han descansado en el suelo pidiendo en mi Nombre a mi Padre que todo pecador se retire del pecado.

Desperté, oí:

Dios Hombre manda sus Palabras a la grande pecadora, y aparta al que no pecó pero se esconde de decir: “Yo voy con el Maestro”.

Cuando llega el matrimonio, le cuentan a Magdalena en lo que empleó el tiempo.

Le dicen hasta postura de sus rodillas en suelo.

Pero esto vieron otros.

Lo que sí nadie sabía: el pedir a Dios del Cielo.

El querer no hacer un roce que a Dios pudiera ofenderlo.

No quería distraer la predicación del Maestro y censurando su Perdón.

Pero luego ama tanto, que sufre y no quisiera que hubiera un pecador.

Este Mensaje te aclara el que oculta o el que pecó.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Pág. 141-142-143-144