martes, 5 de noviembre de 2013

Fuerza de Sabiduría Divina

En Sueño Profético hablaban y en algunas comparaciones había Visión.

Dijo uno:

“Dios es tan poderoso que no contesta a los insultos del hombre ahí en la Tierra”.

Apareció como un pedazo de campo sin arboleda, y dijo el mismo:

“El hombre pasa por este campo y no ve animal ninguno, pero este terreno está inmensamente habitado por miles y millones de animales, que Dios manda ahora que sean vistos”.

Salían de sitios que allí no había agujero, pero grandes cantidades y en distintos colores y tamaños; lo mismo, se veían volando las distintas clases; algunos eran zancudos, de cuerpo pequeño y transparente; había manchones lo mismo por tierra que en el espacio; imposible el contar estos millones de vidas incontables no vistas por el hombre, y por consiguiente desconocidas. De estos animales han sido sus cuerpos y colorido aumentados al espíritu arrobado en el momento de explicar el Poder de Dios, Poderoso Creador de todo lo invisible y visible. Todos estos animales viven del Poder de Dios. Cualquier animal de éstos puede huir del hombre, por ver este mínimo animal al hombre. El hombre los tiene delante de su presencia y no los ve, y a veces son insectos que persigue el hombre. Si el hombre estudia la Naturaleza, ve a Dios. Si el hombre coge la lupa, le dirá lo que él no ve, y también le dirá lo que él no puede hacer: ese animal que los ojos del hombre no ven, y a veces tampoco la lupa. Todos tienen un organismo perfecto, como el tictac de la vida, que sólo lo mueve el Cielo.

Desperté, oí:

Éstas son Visiones cuando está el espíritu solo.

Estas Visiones no pueden ser con materia.

Sería entonces ver sin comprender, y ya al decirlo, serían frases de un demente.

Cuando las Enseñanzas son para transmitirlas al hombre, tiene que ser sólo en espíritu.

Estas Visiones nunca podría el hombre traducirlas dando una Verdad de Gloria.

Los ojos de la carne y la inteligencia material no llegan a esta Fuerza de Sabiduría Divina.

Dios con su Poder manda enseñar de esta Gloria para el que quiera aprender.

Si lo aprende, es que ama. Si no ama, nada ve.

Aunque maneje la lupa, para Dios queda sin ver.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II