jueves, 9 de febrero de 2017

¿Quién soy yo para oír al Instrumento?

En Sueño Profético decían:

No piensa el hombre lo que es un Elegido por Dios. Tan sólo al pensarlo ya cogería Premio, si pensara:

Si Dios busca al pecador para que su espíritu no se condene –reconociendo lo que hizo mal– y para entrarlo en su Reino, ¿qué hará con el que deja todo por Él, Lo sigue y espera su Mando, y en el día y en la noche siempre a Dios está nombrando, alabando y dando gracias por recibir tanto Premio, y por saber que no se enfada?

Este Dios que es Poderoso,
y sin decirte palabras
estás oyendo su Voz
en la ciudad y en la montaña.

Y en la naturaleza ves un Mando
que allí no falta.
Un Mando que da la vida
a los peces en el agua,
porque el agua tiene vida,
igual que tiene la noche,
igual que la tiene el día.

Una vez que no están quietos
es porque tienen vida,
igual que el grano que siembras,
que también lleva la vida.

Desperté, oí:

¡Qué pensar te hacen las Palabras que Dios da en el Cielo sólo para un espíritu!

Aquí las da de Premio para llevarlas a muchos.

Son para leerlas y que queden siempre en la memoria.

Si Dios perdona al que pecó y Lo busca, ¿qué hará con el que lo deja todo por Él y le da vida su Mando, con el que quiere llevar viva la estampa del Mando sin que nadie reforme lo que de Aquí ya va dictado?

Yo creo que al pensar esto, ya te encuentras avergonzado:

¿Quién soy yo para oír al Instrumento?

¡Tantos que aman a Dios y no tienen este Premio de oírlo como lo oigo yo, de unas horas antes dicho!


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Libro 25 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo III - C2