martes, 4 de junio de 2013

Cumplir con Dios no es amarlo

En Sueño Profético decían:

Cumplir con Dios no es amarlo,
ni vivir es vivir, sin buscarlo.

Hay quien se nota molesto
cuando otro siempre está
con la Palabra de Dios
en boca y en pensamiento.
Que estos molestos abundan
para decir: “yo amo a Dios”.

Tienen que seguir los hechos,
y nunca verán cumplir,
verán un Amor de fuego,
que ya salta las barreras
y adora al Dios del Cielo,
que este adorar no lo entiende
el que no ame de verdad.

Dijo Teresa de Ávila:

¡Qué difícil pone el hombre
la Comunicación del Cielo!

¡Que difícil ve que Dios diga:
“A ti te llevo a mi Gloria,
y Allí te enseño, en mi Reino”
!

Esto ya oí más de una vez
cuando estando en el Sagrario.
Quería yo contar mis penas,
que mis penas, la más grande,
era el tener callado
todo lo que Dios decía
que lo fuera publicando.

Pues cuando sola quedaba,
ya que acababa el ruido
de movimientos de pies,
del crujir de algunas bancas
y de las risas en grupo,
muchas tapando su cara,
entonces venía a mí algo
que me erizaba
y me quitaba la vista,
y a la capilla bajaba,
o creo que me subía,
y allí quedaba extasiada.

Ya no me servían mis piernas,
y ya mi lengua era una masa
de carne sin movimiento,
porque le faltaba el alma.

Esto es lo que no cree
el que a Dios cumple y no ama.

Desperté, oí:

Yo sentía su contacto
cuando quería contarle
lo que me pasaba en el suelo.

Cuando Le pedía fuerzas
para que vieran en mí
que Él bajaba a la Tierra.

Pero era pena grande
que le hicieran oración
aquellos ratos tan grandes,
para después perseguir
al que Él quería enseñarle.

¡Ay Maestro, que este Nombre
fue puesto por un Amor
que enloqueció a los hombres!

¡Ay Maestro que eres Dios!
¡Ay Dios que eres Maestro!

¡Ay mi Dios, que se fue al Padre
por darle el hombre desprecio!

Que Él dijo que se iba,
cuando ya bajó del Cielo.

Pero si el hombre Lo ama,
no se quedan sin Maestro.

Hubiera vivido en Tierra
lo mismo que vive en Cielo.

Pues aunque ahí vive en Tierra,
no es como Aquí en el Cielo,
que todos es adorar,
porque todos Lo están viendo.

¡Qué lástima que en la Tierra
quieran tan pocos el verlo!

Él repartió tanto Amor,
que Le decían Maestro.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 213-214-215