sábado, 15 de junio de 2013

Rabia diabólica

En Sueño Profético decían:

La libertad al pecado ha formado la enfermedad de la “rabia diabólica”; enfermedad contagiosa. Y pudiendo ser rechazada por el hombre, es aceptada y premiada en muchos casos, como lo son las guerras.

De esta enfermedad, nombrada en Gloria “rabia diabólica”, sus síntomas son: alegría al crimen o ver a muchos hombres muertos en el campo de batalla; que les da más satisfacción a mayor número vean que caigan. Esto es “rabia diabólica”, enfermedad del espíritu.

Esta enfermedad puedes tú mismo ponértela, que es arrebatándote la vida días, meses o muchos años antes que Dios quería que la tuvieras. Esto es “rabia diabólica”: no aceptar lo que te llega sin saber el porqué llega.

Dijo uno:

Esta rabia es al espíritu. En la rabia de la carne buscas el remedio para su curación. La rabia del espíritu es apartarte de Dios. Y ya eres fiera peligrosa, más que la leona madre que a la cama se acercaran para un cachorro quitarle.

De esta enfermedad tiene el hombre que ocuparse: no matar y enseñar a que no se maten. Que ése es el robo mayor que a Dios Le hace el hombre: matar lo que no es suyo, aunque sea su carne.

Desperté, oí:

Si el hombre pensara en Dios
y que a Él tiene que presentarse,
¿cómo iba a matar, ni él matarse?

Y la palabra de crimen, el oírla,
ya se hacía responsable pensando:

“¿Yo qué haría para poner una ley
que muerte sin Mando de Dios
es enfermedad contagiosa,
sin el contagio cortar?”.

Que cada día habrá más violencia
y más normal será
el matarte o el matar.

Esto, si el hombre que tiene poderes,
mientras en el poder está,
pensara un día en la muerte,
que le tiene que llegar,
buscaba estas razones
para al mundo acostumbrarlo a la Paz.

Dios: imprescindible Alimento
para que ya el espíritu
le ponga mando al cuerpo.

Y vaya la enfermedad
huyendo del espíritu
sin poder hacer el mal.

Son hombres de mando
los que se deberían de juntar
para darle sepultura
a esta grave enfermedad.

El crimen y la violencia
son fuerza unida,
que del Infierno sale el mandar.


***

Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - Pág. 129-130-131