viernes, 28 de junio de 2013

El hombre que a Dios ofende

En Sueño Profético decían palabras que el hombre Le manda a Dios mirando al Cielo:

“Señor, ¿yo qué te he hecho para que a mí me venga hoy este sufrimiento?”.

Esto lo suelen decir los que no se ocuparon del Prójimo, los que a Él no siguieron en el sufrimiento de ver los que no Lo aman.

Dijo uno:

En vez de decir: “Señor, ¿yo qué te he hecho?”, ¿por qué no dice: “Señor, yo nunca he hecho nada para Ti, que eres el Prójimo”.

“Señor, si nunca Te di, ¿cómo hoy Te pido? ¡Si no acudí donde de sobra se veía que tu Presencia no faltaba!”.

“¡Si escondí y malgasté lo que pudo haber servido para a muchos mantener: enfermos, ancianos o niños!”.

Tres casos justificados que no pueden ganarse el sustento, a veces, sin poner en público la mano.

Desperté, oí:

Son tres casos justificados:
enfermos, ancianos o niños.

El enfermo no puede salir a la calle.

El anciano ya cumplió su misión,
y queda como mueble
inservible, arrinconado.

Y el niño de corta edad,
¿cómo salir a la calle
a ganarse él solo el pan?

Si este pensar lo hiciera
el hombre que a Dios ofende,
negándole lo que Él le da,
lo cubriría el remordimiento
y tenía que cambiar.

El que ama,
no puede ofender a Dios,
porque siempre está dando gracias:

“¡Gracias Señor,
porque llevo tu Amor
siempre de compaña!”.

“Mándame que yo Te dé
de aquello que Tú me mandas”.

“Para el enfermo,
el aciano y el niño”.

“Que son los preferidos de Dios,
por ser ángeles,
aunque no les vean alas”.


***


Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pag. 151-152-153