sábado, 22 de junio de 2013

Ella decía mi Jesús, mi Jesús de Allí del Cielo

En Sueño Profético decían:

Este hecho que Aquí referimos fue en Vida de Dios Hombre:

Yendo yo siguiendo al Maestro –pues había quedado con uno de sus Discípulos y llegué tarde a la cita–, me encontré con dos mujeres que su deseo era conocerlo. Y dijo una:

   –¿Vamos para el mismo camino, digo, siguiendo al Maestro?

   –Sí. Yo he “llegao” tarde y me he “desviao” de ellos. Pero no importa, pronto daremos con ellos.

   –¿Tú ya has tenido trato con Este que es Dios del Cielo?

   –No. Yo es que soy buen amigo de uno que le llaman Pedro, y éste quiere que yo oiga hablar, pero al Maestro. ¡Cuando sube a la montaña y creo que queda allí un silencio...! Que este silencio lo dan las Palabras de Este Maestro.

Dijo una de las mujeres:

   –Yo a ellos no los conozco, a quien conozco es a la Madre de Ése que llaman Maestro. Un día la vi tejer, y me tuvo hablando de ello: ¡Que Jesús en la montaña vivía más que con ellos...! Yo no sabía su Nombre, porque siempre oía “Maestro”. Ella decía mi Jesús, mi Jesús de Allí del Cielo.

Desperté,  oí:

La Madre decía “Mi Hijo”,
pero sabía que era Dios.

Era Virgen siendo Madre,
Madre por tener a Dios,
y que Virgen quedaría
por no intervenir varón.

La Madre, aunque era Madre,
no podía mandar a Dios.

Mandaba su Amor tan grande,
de Madre a un Hijo y Dios,
que lo había mandado el Padre
para redimir a “tos”.

Ella fue Madre,
pero Él era Dios.
Dios que quiso hacerse Hombre
para enseñar a no pecar,
primero a que se amaran
y luego a perdonar,
pero daba esa Enseñanza
dejando la Libertad.

Este Dios cuando Lo quieres
es cuando no pecas más,
y lloras porque pecaste,
y hoy no puedes remediar.

Cuando no hagas pecados,
di: “Yo a Dios lo adoro ya”. 

Porque el que peca y adora,
peca en vez de adorar.


***

Libro 1 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo I - Pág. 70-71