miércoles, 12 de junio de 2013

El que llora por dentro

En Sueño Profético decían:

Hay sufrimientos tan grandes,
que no se dejan ver.
Éstos son los sufrimientos
que no puede comprender
aquel que sufre por nada,
por sufrimientos no tener.

El sufrimiento que es grande,
las lágrimas no se ven.
Éstas se quedan por dentro,
y las va a recoger
el consuelo de Palabras
de este Dios que nadie ve.

Siempre, el que llora por dentro,
su rostro se deja ver,
con alegría, con pena,
y es difícil el saber,
cuando es alegría sola,
o cuándo es padecer.

Esto le suele pasar
a un hombre o a una mujer,
a uno que mucho ame
y quiera reconocer
que si Dios está contigo,
ya sufrimiento no es.

Yo tenía los sufrimientos
y me los quitaba Él.

Cuando estaba de rodillas
y rezando a mi vez,
notaba que me llevaban,
y sin poderme mover,
me traían a mi vista
cosas de tanto Poder,
como ángeles, perfumes,
que creí más de una vez
que me encontraba en la Gloria,
aún sin poderme mover.

Cada vez que explico algo,
es para que amen más
a este Dios que es conocido
como Muerto nada más.

No se habla de que es Vivo.
No se habla “pa” buscar
la persona que Él elige
para bien de la Humanidad.

Yo, siempre iba diciendo
lo que me pasaba a mí.
Contaba lo que sentía,
y a veces oía decir:
“Ésta es Teresa, la Santa.
Da risa esto decir”.

Ya me empezaba mi pena
y me entraba mi sufrir,
y me guardaba mis lágrimas,
y ya me veían reír.

Desperté, oí:

Las lágrimas se me iban
por el Camino de Dios.

Las lágrimas iban por dentro
y las recogía Dios.

¡Ay lágrimas que sufría
el que no quería ver
que el Sitio que Él cogiera,
se lo hicieran padecer!

Él lo sufría por mi,
y yo lo sufría por Él.
Él me daba la alegría
y yo Le hacía padecer.

Siempre que hablo de Dios,
quisiera poder hacer
que todos amaran tanto,
como para comprender
la locura de este llanto.

¡Ay llanto que dentro iba
como dentro de un Sagrario!

Con alegría, con pena,
con mi gozo, con mi llanto,
y a veces era la risa
que producía canto.

Si la risa no es de Dios,
es risa, pero sin llanto.

TERESA DE ÁVILA


***

Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 143-144-145