domingo, 12 de diciembre de 2010

Carne muerta, espíritu vivo - Libro 83 - Te Habla el Profeta - Tomo XI - Pag. 20-21-22-23


En Sueño Profético hablaban del recuerdo que el hombre le tiene a la carne muerta, y el olvido al espíritu vivo.

Si amas a Dios es porque crees en la Gloria, y ya vives espíritu y recuerdas la carne muerta y sientes compañía de aquel ser querido. Si recuerdas la carne y el espíritu lo tienes en olvido, es figura de cartón que por un tiempo ha servido. Esto no es amar a lo que Dios ha querido. Ha querido de querer, y luego ha querido que el espíritu esté con Él, porque antes suyo ha sido.

Dijo uno:

¡Qué pocos saben del espíritu! ¡Qué pocos saben de la muerte! De cómo hay que recibirla cuando Dios la muerte quiere. ¡Qué pocos pagan el querer con recuerdo cuando ya carne no ven! Lo mismo que creen que han querido, es después el aborrecer. Es miedo y odio de no querer nunca ver lo que él tuvo, en cariño o en las costumbres que vivió con él. Luego creen que lo recuerdan más queriendo huir de aquellos sitios y haciendo sus vidas al revés.

El que cree y ama a Dios, siempre tiene en su mente una carne que murió y una vida que no ha muerto, porque vive ya con Dios.

Desperté, oí:

Estas son las enseñanzas que el hombre desconoce.

Hablan de la carne muerta y el espíritu no lo sienten.

No lo sienten porque falta la Enseñanza de que no está muerto.

¡Cuántos adoran la sepultura!, olvidando que no está muerto.

Todo el que ama a Dios da primero su recuerdo a lo que nadie enterró.

Si vives amando al Cielo sientes contacto de Dios y Él ya te da presencia de lo que vive con Dios.


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