jueves, 2 de diciembre de 2010

Médico del Espíritu y del cuerpo - Libro 30 - Investigaciones a La Verdad - Tomo IV - Pag. 144-145


En Sueño Profético hablaban del médico del Espíritu y del médico del cuerpo. De la enseñanza temporal y de la Enseñanza Eterna. Decían, que cómo el hombre valoraba tanto una palabra para la carne y no obedecía la palabra que era para el Espíritu, para que el Espíritu nunca muriera.

El médico del cuerpo manda quietud en una cama, el paciente paga y lo despiden contento.

El Médico de Espíritu va sin llamarlo, no cobra, y tiene que medir las palabras para no enfadarlo, sabiendo con certeza que puede curarlo.

Dijo uno:

Todas las enfermedades del Espíritu tienen cura, cuando el enfermo quiera curarse. Las del cuerpo no puede el hombre curarlas, las que cura es porque la curación ya baja del Cielo. Pues a pesar de esto, no oyes una Alabanza para Dios, cuando ya se ven buenos.

Desperté, oí:

Va el Mensaje a que se valore primero el Espíritu y después el cuerpo.

Que el Espíritu vive sin el cuerpo, el cuerpo no puede vivir sin el Espíritu.

Decían que el médico mal recibido y sin cobrar, no se había dado ese caso.

En cambio, al del Espíritu, tienes, mayoría de veces, que pedir permiso para visitarlo.

Y es alegría grande ver caras contentas por la visita que le dejaste, y que refieran: “Se ve que Dios va acompañándole”.

Tan sólo este cundir, ya buen cobro has cobrado para que sigas contento curando y recetando.

Si el Espíritu está enfermo, siempre el cuerpo tendrá algo que no puede curar el médico.


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