sábado, 24 de agosto de 2013

Exhibición de vanidad y la humildad

En Sueño Profético decían:

El Amor a Dios crece cuando tú amas. Este crecimiento, a veces, es gigantesco. El mejor abono es la caridad. Con la humildad también se ve un gran crecimiento. Hay personas tan crecidas, que les ponen el nombre de Santo. El Amor a Dios no puede ser amor imparcial; este Amor te saca de lo normal, siendo punto de referencia, como ejemplo de Amor y humildad. La humildad ridiculariza a la vanidad.

Contaba un día Agustín, que presenció en una venta a un vanidoso en su forma de actuar, y que terminada la actuación del vanidoso, entró un humilde que en silencio dejó a tantos como allí se encontraban. Esta fue la actuación del vanidoso: se fue para el ventero, y en voz no baja le dijo:

   –¿Estos mismo vasos y estos mismos asientos son los que tienes para los que tienen título y para los pudientes?, porque estos que vienen conmigo al que tiene un castillo le llaman pobre.

Quiso el ventero hacerles los honores para retenerlos, ya que eran las admiración de todos por sus ropajes, e intento sacar unos vasos que tenía más bien de adorno, y los rechazó diciendo que no tenían igualdad; unos tenían asa –éstos conocidos por jícaras–, y los otros en forma de tubo. Estando el mostrador con todo lo que había sacado el ventero para complacer, entró un hombre, más bien con presencia de falta de todo, pidió un vaso de agua, y al darse cuenta de lo que había en el mostrador, dijo mirando a todos:

   –¡Perdón! ¡Mil perdones! He venido sin buscar sitio, quería sólo agua. Ya encontraré donde el vaso me iguale.

Se acercó Agustín y le preguntó:

   –Tú amas mucho a Dios y no pecas, ¿verdad?

Rápido respondió:

   –Tanto Lo amó, que no hubiera podido beber en esos vasos con tanto lujo, ya que mi vivir me gusta más que imite a Él que al hombre. Su vivir es Eterno; el del hombre es viaje sin asientos, viaje corto.

Desperté, oí:

Aquí hicieron su exhibición la vanidad y la humildad.

Aquí se vio el crecimiento del Amor a Dios.

Todos miraron a éste lleno de Dios, que humilde lo hacía.

Quería estar siempre lleno de Dios, para despreciar lo que era del hombre.

El buscaba lo de Dios: el agua.

Agustín lo conoció, y sabía que no pecaba.

Sabía que no pecaba, por lo mucho que a Dios amaba.

Si no amas de verdad, no se te ve la humildad.

Los poderosos quisieron avergonzar al ventero.

Y al humilde Dios mandó para dar una lección.

Esta lección la recogieron los que quisieron el Cielo.


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Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I