sábado, 17 de agosto de 2013

Saber que no dura

En Sueño Profético hablaban de la sencillez de estas Libretas:

Por ser Palabra de Dios, es un Dictado Divino, con hechos que ocurrieron y que Dios quiere que siempre se estén recordando. Para esto es el Lugar que Dios elige con el nombre de Profeta: máxima palabra puesta por el Padre en lo Divino. Palabra que Él sacó de todas las palabras, para darle el nombre a donde resonara su Voz. A este Lugar nunca le faltará un Dictado con hechos que ocurrieron: unos, delante de Dios Hombre; y otros, delante de Dios Espíritu. No podría este Lugar escribir ni tan sólo los que ocurrieron en Vida de Dios Hombre, por ser centenares. Y ya, ¿quién escribiría los hechos presenciados por Dios Espíritu, Dios que todo gira delante de su Presencia? Pues de todo esto, Dios manda que una motita escriban al Dictado, y que se publique para Enseñanza del que ama y del que quiera amar. Hay quien ama y necesita del Comunicante para poder enseñar.

Bien decía Agustín: “El que se tenga por sabio, que lea algún Escrito de un espíritu “arrobao”, y verá la diferencia del Dictado de este Dios y del hombre de esa Tierra. Es un saber que no dura, un saber que va pasando, un saber que cuando sabes, ya nadie te está escuchando, y vuelves a lo del niño, buscando algunos brazos”.

Esto lo decía Agustín cuando estaban “afanaos” hablando de literatos.

Desperté, oí:

El espíritu que Dios lo trajo Aquí, a esta Gloria, y luego lo mandó ahí a la Tierra, la Tierra no le puede enseñar nada.

El Cielo queda engrandecido, y ridícula la Tierra.

Esto debía el hombre de ver, aunque a Dios no Lo quisiera.

¿Qué van a enseñar a un espíritu
que vive con carne muerta
y que él mismo se da la vida
cuando vuelve a la materia?

¡Porque es Dios
el que lo lleva y lo enseña,
para que éste cuente luego
lo que es vivir sin materia!

El que diga “esto me pasa”,
no puede oír a otro
cuando de la Gloria habla.

Porque todo lo que él cuenta,
lo cuenta porque lo vive,
no porque otro se lo cuenta.

El saber que tiene el hombre
es un saber que no dura,
un saber que va pasando,
un saber que cuando sabes,
ya nadie te está escuchando,
y vuelves a lo del niño,
buscando algunos brazos.

Esto lo decía Agustín,
que pecó y fue un gran Santo.


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Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 19-20-21