viernes, 2 de agosto de 2013

“Yo no sirvo ni para desatarle las sandalias”

En este Sueño Profético hablaban de Juan. Decían:

Juan tenía Poder del Maestro para hacer en su Nombre lo que al Padre le agradaba. Este Espíritu que a él le mandaba, más tarde sería Maestro; ya, Dios Hombre, Maestro y Profeta; Hombre sin intervención de materia; Maestro para enseñar a retirarte del pecado; y Profeta porque la Palabra no era suya, era del Padre, de quien también era su Espíritu y su Mando. Esto era el mismo Dios hecho Carne. Pues con todo lo que Dios le dio a Juan, Juan decía esta hermosa frase: “Yo no sirvo ni para desatarle las sandalias”. Esto debía de servir de ejemplo para tantos cuantos lo hubieran leído. Cuando coge de Portavoz y Lugar para hablar al hombre, este Lugar tiene que ser reverenciado.

Desperté, oí:

El que no te reverencie, Yo Me aparto.

El Lugar que Yo habito, no ofende al hombre. Este Lugar es vigilado por Dios Padre, sabiendo las ofensas que le hace el hombre.

Escrito está: “El que va en contra del Hijo, va en contra del Padre”.

“Y el que insulta al Profeta, más le hubiera valido no haber nacido”.



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Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pág. 130-131