sábado, 12 de enero de 2013

Camino de cieno y fango


En Sueño Profético vi un camino. Era fango o cieno. Costaba trabajo ir sacando un pie y el otro avanzando.

Pues este camino iba yo pasando y algo me cogía cuando yo creía que ya no podía más seguir andando. No es que no quisiera, es que, más que yo, podía aquel fango.

Cuando ya me vi más normal andando, quise, de rodillas, dar gracias a Dios, pero no encontré dureza ni firme que allí mis rodillas quietas se quedaran.

Ya dijo una voz:

¡Mundo de fango, mundo de cieno, mundo de pecado, mundo de envidia, mundo de engaño!

Todo esto que has visto es camino que te ponen los espíritus contrarios.

Éstos se llenan de ira cuando los espíritus de Dios van con estos Mensajes avanzando. Pero por mucho que inventen y mucho cieno te pongan, tus pies no llegarán al suelo aunque ruido se oiga.

Igual que las Palabras tampoco puedes entregarlas y que las reformen o las desprecien, pues igual derrotas a los espíritus diabólicos que a tu Mando se enfrentan.

Dijo otro espíritu con el mismo Mando de Dios:

Es peor oír al que Dios trae a su Gloria y reformarle lo dicho, que alejarse y no oírlo.

Desperté, oí:

El camino que se ha visto en espíritu es el “no” del hombre al “sí” sin remedio que tiene que dar cuando Dios dice “Sí”.

Cieno y fango: 
suciedad del hombre 
que no quiere que Esto sea verdad.

Pero Dios manda su Poder
y el cieno queda atrás.

El fango se arruga o se endurece,
y al espíritu de Dios,
Dios le manda caminar.

Es sentido de algodón
el hombre que haga pensar
que Esto quede en silencio.

El espíritu del mal
le manda los sufrimientos
y quisiera sepultar
sus Palabras y sus hechos.

Sin querer saber 
que las Palabras son Dios,
dichas en un Pregonero.

Y los hechos son Amor
que antes tuvo a Dios el Pregonero.

El día que la materia –cuerpo–
llore cuando se vaya el espíritu,
tienen que pedir Perdón
por el mal comportamiento
que dieron al Elegido.

Los espíritus de Dios se notan
porque abren los caminos.

Y cuadrado o redondo,
siempre ven bien
lo que dice el Elegido.

Si esto tú no lo sientes,
pídele a Dios 
que Él te ayude a sentirlo.


***

Libro 19 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo III - Pag. 5-6-7