lunes, 21 de enero de 2013

Chatarra sin valor


En Sueño Profético decían:

Hay quien se cree eterno y que nadie le hace falta. Esto, el que nunca tuvo enfermedad y dinero le sobró.

Dijo uno:

Yo tuve trato con un hombre que así, como se ha dicho, vivía, y me contó qué le hizo cambiar un día que visitó la tienda de un anticuario. Allí, dice que vio objetos que contaban siglos y siglos de años. Dice que le hizo pensar en lo poco que su vida duraba, comparando con una palangana de loza que allí tenían para vender. Y ya, más le sorprendió, un caldero y un ánfora, que el dueño le aseguraba que eran del tiempo que vivió Dios Hombre. Viendo el dueño su extrañeza y sus seguidas preguntas para saber los años de aquellos cacharros, le sacó unas tenazas de antes del Nacimiento de Jesús, que dice le dijo que el nombre que entonces le daban los más humildes era el de “atizonadora”. Su aspecto era el de no desearla, y su valor superaba todo lo que allí tenían, según este dueño le dijo. Ya sintió vergüenza a su vanidad, pensar que cuando pasaran treinta años, ¿cómo estaría él?, y el desprecio que el hombre le daría. Pero fue mucho peor pensar, cuando vio que el dueño no se ponía de pie por tener sus piernas sin fuerzas de la enfermedad que en él vivía.

Ya le dijo este anticuario:

   –Mi enfermedad me ha hecho poner este “vivir”, ya que mi capital perdí y mi salud. Hoy no puedo estar de pie, y tengo que valerme de otro para quitar y poner. Y cualquier desecho de estos cacharros, el hombre pagará lo que el cacharro quiera, obligando al hombre a que lo adore y lo mime y lo presente como fantasía apreciada por el hombre.

Desperté, oí:

¡Cómo va dando la vida vueltas
y parándose en los puntos 
que Dios manda!    
       
Este hombre, un buen día,
deseó comprar chatarra.

Chatarra sin el valor
que el hombre más valor daba.

Cuando vio que toda tenía
una vida, pero larga,
se vio la suya tan corta,
que al Cielo fue su mirada.

El dueño le fue contando
como calcar que señalas.

La tienda del anticuario
lo despojó de sus faltas.

Y se salio de la tienda,
los dos con llanto y sin habla.


***

Libro 14 - Dios Manda En Su Gloria Que Enseñen - Tomo II - Pag. 50-51-52