sábado, 19 de enero de 2013

“El que quiera oírme como él, también Yo lo llamo”.


En Sueño Profético vi unas murallas. Se entraba dentro de las murallas y había un sitio como un palacio o patio, de gente de títulos. Parecía una iglesia pero no tenía Santos. Los asientos eran de piedra. Allí no había nadie ni nada, pero algo había, había el Mando de Dios mandando a las murallas que quedaran en Visión y el espíritu se enterara. Había personas hablando, y allí no veías nada.

Ya dijo una voz sin cuerpo, porque cuerpo no hacía falta:

En este mismo sitio dio el Maestro grandes Enseñanzas. Ya, el hombre tiene estos arcos en otros sitios de pedazos y piedras que se han llevado, y según sea el que roza los arcos, puede tener contacto de sentir de Gloria, si hace vida de su mandar, que el Mando lleva impregnado en las piedras de la muralla y los arcos. Pues en esta Visión que Aquí en Gloria se ha dado, un día quisieron echar a uno, por señalarlo de pecador sin merecer lo digno de oír a Jesús. Viendo Dios Hombre y Maestro el movimiento de empujones y palabras cortadas, que mitad salían fuera y mitad quedaban dentro de la boca, dijo señalando a uno de sus Discípulos:

   –Ve por en medio de todos abriendo paso, y dile que venga, y ya él viene dándome a Mí la cara y a ellos la espalda, y luego Le diré que mire a ellos, para que el que quiera oírme como él, también Yo lo llamo.

Cuando llegó el pecador al sitio, se arrodilla y Le dice: 

   –Señor y Maestro, llevan razón, no debí haber entrado con la vida que hice hasta conocerte a Ti un día que me lo dijo uno del campo, que en su campo estaba yo con él. Ibas Tú con muchos, de espaldas, y tus telas yo vi que a mí me iban hablando. Se venían como para mí. Me puse de rodillas y aunque había otros mirándome, no me contuve mi llanto, y pecado desprecié.

Sólo dijo el Maestro estas Palabras, que sirvieron para que se quedara el que ya no iba más a pecar:

Desperté, oí:

“El que quiera oírme como él, 
también Yo lo llamo”.


Estas Palabras sirvieron 
para que se conocieran 
a los que no dejaran pecado.

Este pecador Lo busca 
cuando no hace pecados.

Y Le sirve al Maestro 
para dejarlos callados.

Muchos iban a oírlo 
con sus pecados guardados.

Él, cuando ya se presenta, 
iba libre de pecado.

Esperaba su Perdón, 
si podía ser alcanzado.

Él nunca hubiera dicho: 
“Maestro, éste ha pecado”.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - Pag. 56-57-58