miércoles, 12 de febrero de 2014

Agua que cayó

En Sueño Profético decían:

Hay cosas en la vida material que tienen llegada, tienen ida y no tienen vuelta.

Hay cosas que sí que son tuyas, pero que tú mismo dejas.

Hay lágrimas tan mal echadas, que la pena no despiertan.

Dijo uno:

La pena es un personaje amigo de la conciencia, pero si conciencia es dura, éste no llama a la puerta.

Hay quien quisiera que el tiempo para él nunca se moviera, y coger y soltar el tiempo de la manera que él quisiera, sin pensar que el tiempo pasa y puede que luego vea el tiempo que él perdió dándole otro preferencia.

Hay quien da precio a segundos y las horas no las cuenta.

Hay quien recoge salvado y deja trigo en la era, pero no un costal ni dos, que deja carretas llenas. Pero se inclina al salvado, dejando que venga nube y tallo en el grano vea. Entonces dirá bien triste: ¡Ay si los días volvieran! El trigo iría al granero. ¡Cómo desprecié cosecha! Aquí no actúa el personaje para hacer que sientan pena los que aquel mismo año los arruinaron sus tierras.

Desperté, oí:

Todo actúa al ritmo
que Dios ya tiene mandado.

El agua siempre va abajo.

Siempre con su mismo ritmo,
porque Dios se lo ha mandado.

Si por tu lado pasara
y la dejaras correr
sin coger la que te hace falta,
no esperes que volviera
cuando a agua tú llamaras.

Pues igual le pasa a los días,
los meses y las semanas.

Cuando ya llega la noche,
puedes despedir al día
con tristeza o con llanto,
pero aquel día no vuelve,
porque Dios se lo ha mandado.

Por eso, lo que sea tuyo
porque Dios te lo ha mandado,
no dejes que sea río.

No dejes que sea día,
no dejes que sea noche,
porque ya no volverá,
será agua que cayó
porque tierra ves mojá.

Dios quiere que el hombre quiera
aquello que Dios le da.


***

Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pág. 78-79-80