viernes, 21 de febrero de 2014

Horas para adorarlo

En Sueño Profético decían:

Hay quien cree que Dios tiene sus horas para adorarlo, y vive ese método mal vivido. A Dios hay que adorarlo sin horas ni tiempo, sin noche ni día. En las contrariedades tienes que amarlo con más fuerza, y en el contento nunca olvidarlo, y ya ten por seguro que siempre estás adorándolo. Aunque de Él no te estén hablando, tú siempre estás con Él. Esto es amar a Dios y adorarlo.

Dijo uno:

Hay más que cuando dejan de hablarles de Dios se olvidan de Él, que sigan amándolo. Éstos son los que hoy ves “forofos”, mañana tibios, y si se alejan del sitio que de Dios hablan, ya se olvidan del Evangelio sin practicar lo que manda. Esto nunca lo verán en el que Dios su Palabra manda. A éste siempre lo verás con actuación de adoración al sitio que Dios lo manda, que lo manda porque adora sin pensar las circunstancias, y siempre ves que camina, siempre con su misma marcha. ¿Puede alguien desmentir esto que en Gloria dictamos? ¿Puede creer que no peca el que mal quiera juzgarlo? Esta es la adoración que debía de tener el que se nombre cristiano.

Desperté, oí:

El Sitio que Dios habita, siempre tiene Aquí contacto.

Una cuando Dios arroba sin que tome parte el hombre.

Otra cuando ya lo deja escrito para los hombres.

Y ya, último contacto, cuando se abraza al pobre.

Cuando se acerca a la cama del enfermo que no tiene ya saliva en su garganta.

Aquí está adorando a Dios, porque Dios si allí lo llama, su espíritu se lo lleva.

La adoración del cristiano no raciona. El que ama, siempre su mente está orando.

Que este orar lo ven con los enfermos y los sanos.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Pag. 185-186