sábado, 1 de febrero de 2014

Ovillos en enredo

En Sueño Profético se veía mucha gente. Se veía desde altura. Y las cabezas formaban como techo de los mismos cuerpos. Era un movimiento intranquilo, un vacío en el movimiento.

Dijo uno:

Este alboroto de hombres, sin este Pastor del Cielo, irá creciendo el alboroto y serán ovillos en enredo.

¡Con lo sencillo que es el vivir la Ley del Cielo! Que si esta Ley se entendiera donde hay hombres y suelo, moría la intranquilidad y la Paz de Dios le hacía entierro a la intranquilidad.

El hombre, vivir sin Dios, siempre vivirá inquieto, y tres hombres no tendrán nunca el mismo pensamiento.

Ese mundo material está siempre en temblor de cuerpos. La inquietud los aparta de lo Eterno. Debían de tener un día de meditación viendo un triste cementerio, donde ya no existe nada que tú le llamabas cuerpo, donde toda tu ansiedad era para tener para el cuerpo.

Si esto el hombre lo pensara, él mismo se clasificaba con la nota “analfabeto”. Nota que en muchos momentos te puede quitar el sueño.

Desperté, oí:

Si el hombre se juntara, cada uno,
con la Palabra de Dios primero,
se quitaba la inquietud
que el hombre está viviendo.

El cuerpo es hoja verde
que pronto ves en el suelo.

El espíritu es el árbol,
que sigue su crecimiento
hasta llegar a Sitio
que su nombre es el Cielo.

Aquí no hay sitio para el espíritu
que fue apartando de Dios
y no enseñó los Mandamientos.

Si los hombres se juntaran,
estando en esto de acuerdo,
valoraban lo espiritual
y desvaloraban lo del cuerpo.

Y ya sería normal
todos el mismo pensamiento:

“Dios al nacer,
Dios cuando tu cuerpo
se llevan al cementerio”.


***

Libro 19 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo III - Pág. 147-148