viernes, 11 de mayo de 2012

"TU AMOR ES EL QUE HA LIBRADO, A TU HIJO DEL PECADO"

En Sueño Profético hablaban de la Vida de Jesús Hombre.

Dijo una mujer:

Lo veías entre todos, y sabías era Dios. Yo diré lo que me ocurrió a mí:

"Estaba yo en una higuera, en una sombra descansando, con un hijo de tres años que tenía, cuando oí un tropel y contar la gente no podía. Pues con tantísima gente se destacaba el Dios".

No crean que Él llevaba
algo puesto de valor,
que su Figura dijera,
esto sólo lo lleva Dios.

Sus ropas y su Presencia
tenían un gran valor.

La Presencia era la Carne,
que la presentaba Dios.
Y sus ropas las movía
la misma Carne de Dios.

Ya digo, era como otro hombre,
pero sabías era Dios.

Yo me puse de pie,
y mi hijo en los brazos,
en alto quise poner,
por querer que la Mirada
me la pusiera en él.

Me fui detrás del gentío,
unos ratos el niño andando,
y mayoría acunado.

Fue llegar a la montaña
y quedar en un silencio,
que descanso te venía,
y olvidabas sufrimiento.

Otra vez cogí a mi hijo,
en alto, puesto en mis brazos,
pero se oían protestas,
porque estaba molestando.

Estas fueron las Palabras
cuando todos protestaron:

"Donde dais la protesta,
a mí me estáis enfadando.

Esa mujer sólo quiere
que su hijo sea Mirado,
porque sabe que al Mirarlo,
jamás caerá en el pecado."


Fue abriendo el paso este Dios,
al que todos iban mirando,
y cuando llegó al sitio,
la madre con  grande llanto
le presentaba a su hijo.

"Todos los que han venido,
ninguno ha levantado al Hijo
y ninguno me ha seguido
con uno de tres años en brazos.

Tu Amor es el que ha librado,
a tu hijo del pecado."


Desperté, oí:

Esta madre quería al hijo,
y por eso amaba a Dios.

Esta madre confiaba
en la Mirada de Dios.

Sabía que no pecando,
tendría la Vida Eterna.

Sabía que su Mirada,
daría Amor sin penas.

El hijo quedó sin padre,
sabiendo que ella era buena.

Él vivía en el pecado
sabiendo que no era bueno.

Esta madre para el hijo,
no pedía que no sufriera,
esta madre no quería,
que como el padre viviera.

Le horrorizaba el pecado,
y soportaba las penas.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 84-85-86