viernes, 25 de abril de 2014

La carrera de la vida

En Sueño Profético decían:

Hasta que el hombre no vea esa vida
sabiendo que está de paso,
no hará nada bien hecho.
Y se verá fracasado
cuando se niegue su cuerpo
a que lo vean andando.

El hombre vive la vida
como si en ella mandara,
y él mismo se pone altura
que no sirve para nada.

Vive en una ansiedad
de querer lo que se acaba,
y en un desprecio total
a lo que del Cielo baja.
Desprecio a los zapatos
y llanto a la corbata.

Si el hombre él no se frena
quitándose la importancia,
acabará su cultura
como moda cuando pasa.

¿Cómo llamarle cultura
a ponerle todo el tiempo
a aquello que se termina
y abandonar el espíritu?

Por eso, a hombres del campo
¡les oyes cada consejo...!,
que esto sería cultura
puesta antes que el progreso.

El progreso, el adelanto y la ansiedad,
tienen al hombre retirado
de que al día piense una vez:

“Señor, yo vivo engañado”

“¿A mí qué me da esta vida
si de Ti estoy apartado?”.

“Señor, quítame esta lucha
que me manda y me exige
como látigo al caballo”.

“Señor, dame Luz,
que vivo necio y equivocado”.

Desperté, oí:

La carrera de la vida
tú no tienes que empujarle,
porque aprisa se termina.

Se termina,
y después de correr tanto,
no puede llegar Arriba.

Que Arriba es Cielo,
que es Gloria,
es el Sitio donde habitan
los Tres en Uno.

Aquí te abren las puertas
porque tú quieres la entrada.

Pero jamás te dirán:
“¿de cultura cómo andas?”.

Ya ha llegado el parte
de que a Dios seguías y amabas.

Y que ponías primero
lo que en la Gloria esperaba.

Hoy ha sido el Arrobo
a la prisa de la vida,
que no sirve para nada.

Si la prisa no la pones
en que la vida se acaba.


***

Libro 20 - La Palabra del Creador - Tomo II - Pág. 12-13-14