lunes, 7 de abril de 2014

Nunca digas pierdo el tiempo, en el tiempo que a Dios le sirvas

En sueño Profético decían:

El tiempo que dedicas a Dios, a sus Santos y a sus pobres, Dios hará que el día para ti sea más grande; más grande, con más contento y con grande satisfacción de espíritu.

Dijo una mujer:

Yo vivía lejos de una mujer que enseñaba a practicar las Palabras que Dios enseñó cuando vivió de Hombre; a tres generaciones dice que fue enseñando de unos a otros; los primeros vivieron con Jesús, el Dios de Hombre, y fueron de unos a otros haciendo el bien día por día, su oración y buscar al enfermo; Esto, en el día, siempre les daba tiempo; ya cuando llegaba la noche, todo les había venido justo y algún tiempo les sobraba para disfrutar de sus hechos refiriendo.

Pues con todo lo lejos que yo vivía –no es que fuera tan lejos, era lejos para vivir su contacto y su ejemplo–, el día que se hacía noche y con ella yo no iba, algo hacía de su Enseñanza. Y cuando amanecía el día, mi marido me preparaba la bestia, metía los cántaros, y mi chiquilla era mi justa compaña; cerca de su casa teníamos unos terrenillos, que más no nos hacía falta; mi marido con el mulo –que el cuido miradas daba–, rezando los dos delante, él con la chiquilla abrazada y yo detrás deseando llegar a aquella casa.

Ella tenía dos hijos más que yo; el mayor ya al padre le ayudaba. Casi siempre estabamos juntos a pesar de la distancia; los hombres más se querían, de vernos aquella Paz producida por los hechos.

Siempre conocía a un hambriento,
siempre acudía a un pordiosero,
siempre había en su casa
alguien que salía contento,
porque de Dios le había hablado
y notó arrepentimiento.

Yo, de allí me traía el agua,
¡y me traía un contento...!,
y el día era tan largo
que a Dios notaba en mi cuerpo.

Desperté, oí:

La casa de esta mujer
fue por muchos conocida.

Aquel que entraba una vez,
perdición de Amor sentía.

Éstas eran las palabras
que al salir muchos decían:

Ésta es gran perdición,
perdición de esta alegría,
que si pasas y no entras,
qué largo se te hace el día.

Largo, con grande ansiedad
de que ya venga otro día.

Dios hacía el día largo
para el que a Él servía.

Y hacía que fuera largo
para el que a aprender iba.

Siendo largos los días,
para unos son largos, contentos;
para otros son largos, sufriendo
y esperando nuevo día.

Si a Dios le sirves amando,
más largos serán los días.

Nunca digas pierdo el tiempo,
en el tiempo que a Él le sirvas.


***

Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pág. 18-19-20-21