lunes, 21 de abril de 2014

Un Arrobo no puede inventarse

En Sueño Profético decían:

Di con fuerza –aunque no grites, que el grito ya va en la fuerza–, que la Enseñanza de esta Gloria hoy no puede nadie decir: “a mí igual me enseñan”.

Apariciones hay muchas. Unas son publicadas; otras quedarán ocultas. Ver a Dios, cuando quiera verlo, Lo ve el que quiere, aunque su Imagen Dios no presente. Pero traer a diario a un espíritu que Dios saca del cuerpo y la materia obedece y admite, como materia que nace cuando Dios manda la vida, esto, hoy no hay quien le pase. Y al no pasarle, nadie explica. Porque en lo material puedes inventar, agrandar o achicar cualquier decir que a ti te pase; y según interese, así hacer. Pero un Arrobo no puede inventarse, porque quedas muerto y después ya naces en tu mismo cuerpo. Esto es Arrobo que enseña a la carne que compone un cuerpo.

Esto hay que cundirlo diciendo que es cierto. Y que hagan preguntas sin que sean examinando a Dios, que sean para estudio de un Mundo que el hombre lo duda y no está seguro que Aquí espera Dios.

Este Lugar explica y responde a sensaciones sentidas con espíritu y cuerpo, y con espíritu sólo. Te habla de Dios: Tres Dioses, pero sólo Uno. Te dice la Visión de Dios Padre sin Cuerpo y luego, Dios Padre en Dios Hijo con Cuerpo.

Todo esto mandó lo Dios que fuera publicado. Y publicado está, sin nadie poder decir: “es profanar” o “no es del Cielo”.

Desperté, oí:

Tiene el mundo que saber
lo que ningún hombre sabe
y lo que ningún hombre ve.

El hombre,
lo de la Tierra no lo desmiente
aunque verdad no lo sea.

Lo valora y lo acepta.

Pero las cosas de Dios,
a más estudio tenga el hombre,
más pronto presenta el “no”.

Aquí ha dado con la Roca Divina,
y él se ha convertido
en pájaro volando a poca altura.

¡Cómo no verán los hombres
a Dios en estos Mensajes!

Ningún saber de la Tierra
va detrás de los hombres
para que su saber quieran.

Al contrario, que se esconde
para que otro no aprenda
como bien no se lo pague.


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Libro 17 - Investigacines a La Verdad - Tomo II - Pág. 153-154-155