jueves, 25 de junio de 2015

El pozo

En Sueño Profético decían:

Buscaron más a los que tuvieron amistad con el Maestro, para que de Él les hablaran, que al Maestro para oírlo.

Se vio a una mujer con cara triste, pero de pena, no de enfermedad. Y ya dijo uno:

Esta mujer no buscó al Maestro, y tuvo el camino llano, sin obstáculo ninguno. Y cuando faltó, no vivía y buscaba a alguien que le oyera decir el nombre de Maestro. Tenía tres hijos, y compró un terreno tan sólo porque sabía que allí pisó muchas veces el Maestro. Mandó ahondar, haciendo un pozo, hasta que el agua brotó, porque estaba segura de que aquella agua quitaría pecados, sanaría la carne, y ya buscarían el agua, y por fuerza hablarían del Maestro. Ella, en su interior, Perdón pedía por su anterior desprecio. Quería pagar a Dios Padre lo que con su Hijo había hecho. Quería poner una tienda de Palabras del Maestro. Quería vender el agua, dándola y recogiendo el precio con esto que Aquí se habla: “No hay duda de que era Dios, aunque Él admitió la Palabra de Maestro. Todo el que beba esta agua, el pago sea decir: “Maestro”. Pero que a mí no me mire, que pague mirando al Cielo”.

Desperté, oí:

A esta mujer, su sufrir le cambiaba el camino para al Maestro no seguir.

Puso un letrero en su casa, y hasta los Discípulos fueron, porque ella deseaba que fueran ellos los primeros que bebieran el agua.

Lo mismo se arrodilló delante de Santiago, que de Felipe, de Juan o de Pedro.

Lloraba y los miraba pidiéndoles el Perdón, que lo mandaran al Maestro.

Dice que sintió andar una noche en el terreno, antes del agua brotar.

Cuando el pozo estaba hecho, no se acostaron una noche, ni la madre ni los hijos, sin ir al pozo, mirar al Cielo y decir Maestro.

Esta agua, el que la beba, lleva tu Nombre por dentro.

Hizo otro, y dejó éste para que su agua sirviera para quitar los pecados y para la carne enferma.

Pero al pozo no llegabas si entrabas sin reverencia.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C4