jueves, 10 de diciembre de 2015

El vendedor de nueces

En Sueño Profético decían:

Hay quien para vivir tiene que vivir haciendo imposible el vivir de otro. Hay quien hace ruido cuando ruido no oyen, porque si oyen ruido, en silencio se convierte, y el del ruido se esconde.

Este comparar y muchas comparaciones se las oí yo a un vendedor de nueces. Este vendedor iba vendiendo nueces con dos canastos, y los chiquillos lo buscaban como aro y comba. Tenía tanta seguridad de que Dios iba con él, que vendía su mercancía con distintos pregones. Según era la hora, así subía el pregón, para no molestar al niño que la nana le estaban cantando. Se paraba y movía las nueces, que hacían son a la nana, y ya hacía su venta. Seguía, y se paraba en la otra esquina, y allí cantaba su copla, y los chiquillos corrían. Este cantar fue de fama, y los nenes repetían:

Comprar nueces y guardarlas
para cuando nazca el Niño,
y partirlas con cuidado
por si estuviera dormido,
que Dios quiere que se ame
en lo grande y en lo chico.

Si cuidas el despertarlo,
nunca le darás disgustos.

El Amor tiene su sello
en lo grande y en lo chico.

Y ya te hablaba este hombre y te ponía ejemplos del que a Dios amaba, que transmitían el Amor a Dios. Un día estaba la esquina llena de gente y su mercancía terminada, y éste fue el adiós:

Que nunca le hagáis servicio al demonio
haciendo llorar al inocente,
que yo pregono mis nueces
sin molestar al que duerme.

Si hago grande ruido,
puede que Dios no me deje,
no sólo el vocear,
puede que estos pies ligeros,
sin movimiento se queden.

Desperté, oí:

El Amor a Dios lo tiene
todo el que quiera amar.

Este Amor no mira ropa,
palacio o intelectual.

Lo que sí te exige el Amor,
es Amor con humildad.

Y que al Prójimo mires
a sabiendas que Dios está.

Este vendedor de nueces,
con Amor vendiendo va,
porque sabe que Dios quiere.

A Dios sentía a su lado
recordando su Venida.

Y quería que las madres
sintieran esta Venida.

Mientras medía las nueces,
buenas palabras decía:

“No quiero que nadie sufra
por vender mi mercancía”.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C2