martes, 8 de diciembre de 2015

Primero debes amar

En Sueño Profético decían:

Primero debes amar. Luego aprender del que ama y enseña de lo que Dios le enseña para que él enseñe.

Dijo uno:

Estando en el centro de una arboleda, un día de grande calor, llegó el Maestro con la mitad de sus Discípulos y varios que con ellos venían. Unos árboles que había cortados, les sirvieron de asiento. No fueron sentados, cuando uno de sus Discípulos dijo:

   –Maestro, poco descanso haremos, porque esperan los que quieren conocerte.

Fue terminar de hablar el Discípulo, y presentarse una mujer que la acompañaba un hombre algo más joven, y a unos metros, un matrimonio, padres del joven. Estos primeros, no conocían al Maestro y ya Lo amaban de lo que oían al que amaba y Lo conocía. Los padres conocen y no aman, y querían decirle al Maestro que le reprendiera al hijo por no obedecer a los padres antes que cumplir las Palabras que Él predicaba. Cuando llegaron los jóvenes, dijo el Maestro:

   –Felipe, Yo, antes de salir de la casa que todos dicen que allí vivo porque allí Me ven vivir, ya salí sabiendo que me esperaban porque quieren conocerme. Pero Yo he venido por éste –y me señaló a mí–, porque quiere oírme y no puede por la distancia ser larga hasta el pueblo y por tener que vivir como un árbol más en el monte, por estar solitario de familia y recursos. Y he hecho que aquí vengan estos cuatro: dos, con Amor y razón; y dos, sin amarme y queriendo que Yo ensucie mi Enseñanza

Y dirigiéndose otra vez a Felipe, dijo:

   –Felipe, estos primero que han llegado, aunque Me aman, si Me mandan, sé que no están enseñados, y lo hubieran dicho por su falta de Enseñanza, y el que lo oye no le da valor. Y si los segundos, que no aman, dicen las palabras que tú has dicho, más Me aman los que oyen. Pero si oyen a uno de mis Discípulos, hablan mal de mis Discípulos, que ya es hablar mal de mi Padre y hablar mal de Mí, que soy Dios de Hombre y Carne.

Y siguió dando una Enseñanza a los padres que estaban en contra de Dios Hombre.

Desperté, oí:

Fue Felipe el primero al que se le oye decir:

“Maestro, si en lo que haga mal no me reprendes, puede que mi Amor se achique. Y antes, que vea tu Mano apartándome.

Y agachó su cabeza ocultando sus lágrimas, por si no creían que eran de Amor. 

Fue en el centro de la arboleda
donde tenía el Maestro
aquel día su Enseñanza.

Luego, si había tiempo,
iría al sitio que Lo esperaban.

No podían pasar días
sin que oyeran sus Palabras
el santo que guarda el bosque
y los cuatro que buscaban:
dos, Amor; y dos, cizaña.

Estos últimos se llevan
fuertes y duras Palabras.

No digas nunca a tu hijo
que en busca de Dios no vaya.

Porque si a ti te lo deja,
es porque él a Él ama.


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Libro 13 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo II - C3