viernes, 4 de diciembre de 2015

Semilla Divina

En Sueño Profético decían:

La Palabra de Dios es Semilla Divina. Si esta Semilla la echas en un recipiente chico, este recipiente es el número tan chiquitísimo de personas que oyen esta Palabra.

Esto, dejándolo en manos de “síes” y “noes”, es prohibirle al mundo que se beneficie de los chispazos de esta Gloria.

La Gloria de Dios no puede uno verla y los demás no. Uno la ve porque Dios a él arrobó. Pero Dios no arroba si este arrobo no va a servir para todos. Dios no va a arrobar a diario y luego va a mandar que calle el arrobo. Entones, ¿para qué arrobar?

Si el arrobo es la muerte,
¿para qué va a arrobar el espíritu
que vida a la carne le da?

Si no fuera para que publicara,
traería el espíritu a su Gloria,
y ya no volvería jamás,
y ya el hombre enterraría la carne
como entierra a las demás,
que algunos fueron Santos
y hoy están en el altar,
y sus espíritus fueron arrobados
en mínima cantidad.

El Profeta ya no es Santo,
el Profeta es el Lugar
que Dios pone como Sitio
para Él al hombre hablar.

Éste no guarda silencio,
por no poderlo guardar,
porque Dios ya cogería
a otro al principio de hablar,
que le guardara obediencia
cuando mande publicar.

Pero Dios como es Dios
no se va de este Lugar,
que Lo amó antes que Dios
su Voz vieran resonar.

Desperté, oí:

El espíritu que Dios
arroba día tras día,
¿cómo va a tener silencio,
trayendo esta Mercancía?

Mercancía de valor,
sin dinero pa′ pagarla,
aunque se juntaran “tos”
y ahí quisieran comprarla.

Este Tesoro se da,
se regala y se ofrece,
pero el que quiera comprar,
su dinero se lo esconde.

Porque Dios coge el Lugar,
sabiendo que no lo vende.

Este Lugar va ofreciendo
la Palabra de Dios Vivo,
y nada va recogiendo.

Va recogiendo amarguras,
y a Dios se las va ofreciendo.


***

Libro 4 - Te Habla El Profeta - Tomo I - C1