jueves, 11 de agosto de 2016

Alegría con cimientos

En Sueño Profético hablaban de la alegría de Dios, de la alegría que viene del Cielo. Decían:

Esta alegría es alegría con cimientos; es alegría quitando oscuridades; es alegría que te sirve de alimento.

Dijo Teresa de Ávila:

Yo creo, que el que no ha sentido esta alegría, no puede decir: “yo conozco a Dios; yo estoy lleno de Dios; yo no puedo vivir sin Dios”.

La alegría de vivir sintiendo a Dios,
tiene escape, y sale fuera el Amor.

Yo, este Amor lo tenía
con un contento tan grande,
que estaba dentro de mí,
y yo, sin querer soltarlo,
se me escapaba el contento
y quitaba oscuridades.

A veces cogía la pluma
y escribía, de mis éxtasis,
las palabras que a mí, Dios,
me daba para enseñarme.

Luego cogía esas palabras,
y yo escribía contestándole
frases de Amor a mi Dios,
que no las decía nadie.

¿Por qué condenará el hombre
este Amor que es incansable?
¿Por qué no pide sentir
ansias por querer amarle?

Si esto el hombre pidiera,
abundarían las Teresas
con otros nombres cualquiera,
con cualquier nombre de pila,
pero con Amor de fiera.

Desperté, oí:

De una palabra que oía,
cien mi pluma escribía.

Mi contento era de Dios,
y por más que lo encerraba,
más contento daba yo.

Hubo veces que lloré
dando llanto a mi contento,
y cuando cogía el papel
para hablar con Dios del Cielo,
las lágrimas se escondían
obedeciendo al contento.

Otra vez repito Aquí:
¿por qué perseguir Amor,
cuando el Amor es de Aquí?,
¿por qué existe el porqué,
buscando el desmentir?
Yo, en nombre de mi Dios,
escrito lo voy a decir:

Aunque Teresa fue muerta,
viva la verán Aquí,
pidiendo Amor a Dios,
para que sientan ahí.

Me da pena y no me da,
del que Amor no sienta ahí.
Me da risa y siento llanto,
y es difícil el describir
cuando quieres a Dios tanto.

Si persiguen el Amor,
y a esto llama el hombre robo,
que me cuenten por ladrona,
pero yo este Amor no escondo.

¡Ay Amor, que el que lo siente,
no piensa en la prisión!
¡Ay Amor, que aunque des muerte,
más fuerte sientes Amor.
Si así Amor no sintieras,
no digas Amor de Dios.

TERESA DE ÁVILA


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Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - C6