martes, 16 de agosto de 2016

Portavoz de Dios

En Sueño Profético decían:

La constancia que ella tiene y los grandes deseos de que todos la oigan, dicen que es Portavoz de Dios.

En lo material no hay quien esté 20 años pregonando, sabiendo que son muy pocos los que te van a oír.

Ella no falta al primer Mandato que Dios le dio y le sigue dando: “Di que Me ves y que tu espíritu lo traigo Aquí a mi Gloria”.

La trae para explicarle la esencia de esta Gloria. Dios le enseña el extracto de su Divinidad, hechos que ocurrieron en su Vida Pública y hechos que ocurrieron después de su Crucifixión. Estos hechos aún no han llegado al hombre.

Dios se comunica para enseñar cómo tiene que salvarse el hombre, y para que el hombre esté hablando siempre de Dios y contando Hechos de Él.

Dios vive y está entre el hombre. Dios no resucita porque no está muerto. Dios dejó que el hombre matara su Carne, para después resucitarla y traerla a su Reino. Vieron que era Dios cuando su Cuerpo allí no estaba, cuando no podían oír: “Yo soy el Hijo del Hombre”; cuando allí no había nada que dijera: “Yo soy Dios. Mi Padre está en Mí y Yo estoy en mi Padre, porque sólo hay un Dios”.

Desperté, oí:

Éstas fueron sus Palabras más repetidas: “El que Me ve a Mí, ve a mi Padre. Y el que Me oye, ya oye a mi Padre”.  

“El que Me ame, no sea entristecido. Yo voy al Padre para que mi Espíritu venga a estar con el hombre”.

El que amaba al Padre, amó al Hijo.

El que al Padre no amaba, no recibió al Hijo.

Hubo quien quería tener disculpa amparándose en estas palabras: “Yo amo al Padre, pero a este que dice: “Soy el Hijo del Hombre”, yo no lo conozco”.

Éste no amó. Si ama al Padre, conoce al Hijo.

Porque el Hijo traía las mismas Leyes del Padre:

Amor, Caridad y Perdón.

Siempre que te hablen del Padre y sean sus mismas Leyes, obedece y reverencia.

Si obedeces, reverencias. Y si reverencias, obedeces. Pero si no oyes al que dice “Dios me habla”, ¿cómo puedes tú decir: “quiero saber de Dios”?

Tú quieres a Dios lejos y que no hable.


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Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - C9